Archivo para agosto, 2012


No hay nada tan desagradable como amanecer tras una noche de excesos de alcohol —sea o no de garrafón— y tabaco y comprobar cómo nuestro cuerpo se haya inmerso en un torbellino de náuseas, acidez de estómago, dolores de cabeza, pérdidas de equilibrio y… por favor, hable más bajito que no aguanto los gritos. La temible resaca. Entonces, en un segundo de lucidez mental, es cuando nos acordamos de la ciencia, los científicos y por qué no han descubierto ya un remedio eficaz e instantáneo para paliar sus efectos.

Bueno, tiempo al tiempo, que Zamora no se conquistó en una hora. Al menos, después de algo más de 200 años de ciencia moderna —bastante menos de los que lleva el ser humano ahogando sus penas en alcohol— ya se ha descubierto la molécula responsable de ponernos tan mal cuerpo (es un decir, ya que si no nos excediéramos no habría tal): la carnosina.

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A diferencia de otras mujeres, Lise no tuvo problemas para acceder a una formación de ciclo superior, pero en cambio, tuvo que padecer el hecho de haber nacido judía en el centro de Europa. Vienesa de nacimiento, Lise Meitner (1878-1968) tuvo la fortuna de acceder a la secundaria y después a la universidad en un momento favorable, ya que un cambio en las leyes educativas austriacas levantaron la mordaza que impedia a las mujeres cursar estudios medios y superiores.

Esta circurstancia la permitió graduarse en Física y doctorarse en esta especialidad a los 26 años. Desde el comienzo se decantó por profundizar en el mundo de la radiactividad y una vez doctora, se trasladó a Alemania a implementar su conocimiento en este campo como ayundante del profesor Planck —consiguiendo medir la longitud de onda de los rayos gamma— y como colaboradora de Otto Hahn, un químico que trabajaba para el instituto de Emil Fisher. Ahora bien, en Alemania comenzaron sus problemas, primero por ser mujer y luego por sus orígenes semitas. Ver artículo completo »

Hace unos días tuve la oportunidad de pasarme por Pontevedra y pude volver a comprobar lo desagradable que es el olor que produce la fábrica de celulosa. El olor es extraño, no irritante, pero muy persistente y obviamente maloliente. Si uno le pregunta a un pontevedrés por el olor de la celulosa nos dirá, con buen criterio, que no la huele. Y es cierto, porque al cabo de un rato de estar en ese entorno, la percepción de ese olor desagradable desaparece.

Es curioso lo que sucede con el olfato o con el sonido (y los ruidos), al cabo de un rato ya no percibimos el aroma de la colonia o el perfume o por suerte dejamos de oler algún que otro efluvio desagradable como comentaba. Ver artículo completo »

Nada tan aparentemente frágil como un mosquito, pequeño insecto con el que podemos acabar con la simple presión de las yemas de los dedos. Sin embargo, para los humanos representa la máquina de matar más eficaz. Sin duda, pocos son conscientes de que es el animal que más mortalidad provoca entre nosotros con su molesta picadura. Hasta un millón de personas mueren al año víctima de la malaria.

La mayoría de las infecciones febriles graves que contraemos los humanos se deben a microbios que transmiten los insectos. En general, ellos mismos resultan inofensivos, incluso pueden ser beneficiosos: son los responsables de la polinización de multitud de plantas y árboles. Pero en su virtud también está la penitencia. Actúan como vectores o portadores de otros micoorganismos. Ver artículo completo »

En mi ingenuidad, me resisto a pensar que la química manda y que como organismo vivo gran parte de las respuestas —al entorno siempre hostil— están condicionadas por ella. Como especie compartimos una serie de características comunes, pero gracias a la inteligencia y con ella el desarrollo emocional, cada especimen de Homo sapiens cuenta con características propias que le diferencian del resto.

Esta particularidad, eso creía yo, nos había permitido liberarnos de determinados yugos, como el de la elección de los mejores individuos para la continuidad de la especie, y nos había dotado de una cierta libertad para gozar del amor y de la sexualidad. Ver artículo completo »

Fetichismo


El vocablo fetichismo proviene de la lengua portuguesa y puede, sin duda alguna, tener muchas acepciones, desde las que estáis pensando a las sociopolíticas, como las definidas por Karl Marx.
Es muy probable que desde el punto de vista antropológico el fetichismo tenga mucho que ver con el origen de las religiones. Me estoy refiriendo a que en tiempos pretéritos se le atribuían propiedades mágicas o especiales a determinados objetos y cosas que, con el paso del tiempo, llegaron a ser venerados. Sin embargo, hoy en día, y religiosidad aparte, la acepción sexual de este concepto se eleva sobre las demás, e incluso a veces con connotaciones un poco perversas.

Dudo mucho que cualquier persona sexualmente sana no haya tenido fantasías eróticas en las que haya aparecido algún elemento fetichista. Una mujer con lencería sexy pone la mente de un varón en efervescencia. Esto, lo de la ropa interior, no suele ser tan eficaz en la mujer como lo es en el hombre. Estoy seguro de que cada señora tendrá sus iconos fetichistas, pero me da la sensación de que no son tan básicos como los que tenemos los varones…

Independientemente del objeto fetiche, ¿qué es lo que provoca esa reacción sexualmente positiva al ver, sentir, oler o saborear “ese objeto del deseo”?  Ver artículo completo »

La gran hormona

A veces con la información ocurre lo mismo que con la medicación… si se le añade el prefijo auto, se puede convertir en algo peligroso. Si la automedicación puede convertir en perjudicial algo beneficioso para la salud, una mala autoinformación puede hacernos acabar con una empanada de tal calibre que nos acabe confundiendo.

En estos tiempos en los que se preconiza la cultura de lo sano, de lo saludable y donde en cierto modo se vive una entronización de las hormonas y las vitaminas, hasta hace poco unas desconocidas y ahora elevadas a la categoría de bálsamo de Fierabrás, hay que tener mucho cuidado con tirarse al monte y confeccionar su propia receta para liberarnos de determinado mal o para potenciar determinadas actividades como aumentar la potencia sexual.

Ciertamente, la alimentación cumple un papel fundamental en la vida sexual de los humanos, pero de ahí a confeccionar una dieta a base de apio, carne, huevos, arándanos, nueces y helados para convertirnos en máquinas amatorias va un abismo.  Ver artículo completo »

Si hiciéramos una encuesta entre la población masculina sobre sus órganos preferidos, seguramente la cabeza alcanzaría el segundo lugar —huelga aseverar cuál ostentaría el galardón de favorito—, pero una cabeza llena de pelo. A pesar de ciertos calvos divinos y la aceptación en los nuevos cánones de belleza, la ausencia de pelo en la azotea, nada tan patético entre los que presumen de testosterona como comprobar sus desvelos ante la indeseable pérdida de sus apéndices capilares.

La calvicie ha sido motivo de preocupación de personajes ilustres (como Julio César o Napoleón Bonaparte), sus causas y consecuencias han llenado páginas y páginas y ha desarrollado la imaginación de peluqueros, esteticiennes y fabricantes de apliques y otros remedios artificiales para tapar el cartón, charlatanes y tramposos se han forrado a costa de esta preocupación ofreciendo sus ungüentos milagrosos y seguramente en la historia de la farmacología jamás se han dedicado tantos fondos —algo tendrá que ver la industria del ramo— para dar con el producto que nos evite la vergüenza de mostrar nuestra desnudez craneal. Ver artículo completo »

Deje de buscar los tres pies del gato y de sacar al perro del armario. Definitivamente no, no existe la homosexualidad en los animales. Por más que nos guste atribuir características humanas al resto de especies que comparten con nosotros el Planeta —como están empeñados en hacernos creer los personajes de Disney y demás compañías de animación—, la homesexualidad es una opción sexual exclusiva de los seres humanos. Y por si hubiera alguna duda más, obedece a razones conductuales (de cómo vivimos nuestra sexualidad como Homo sapiens) y de entorno (factores culturales) y no existe ninguna causa genética.

Así que si se encuentra artículos de tal jaez, sencillamente no les haga caso, porque según los investigadores Andrew B. Barron y Mark J. F. Brown, son sencillas manipulaciones —bien intencionadas o no— de la prensa relacionando el contacto sexual en animales con actos puramente humanos.  Ver artículo completo »

Los comentaristas y periodistas deportivos actúan a la vez como divulgadores de disciplinas de lo más variado y como inventores impenitentes de palabros o desvirtuadores de la realidad. En ambos empeños tienen gran éxito. Vocablos como juego intermitente, la madera repelió el balón, victoria pírrica (para referirse a ganar por un gol cuando su auténtico significado es una victoria con muchas bajas que se puede convertir en desfavorable para el ganador) o jugador de gran envergadura (en lugar de altura) son patadas al diccionario tan comunes a las que ya no se da la mayor importancia.

Pero del mismo modo y a su favor, hay que subrayar que a lo largo de las retransmisiones deportivas —sobre todo en las de muy, muy larga duración—, ejercen un papel de divulgadores científicos y explican, por ejemplo, aspectos relacionados con la dieta y el funcionamiento del cuerpo humano que llegan a más gente de la que podría imaginar el profesor más exitoso. Ver artículo completo »