No hay nada tan desagradable como amanecer tras una noche de excesos de alcohol —sea o no de garrafón— y tabaco y comprobar cómo nuestro cuerpo se haya inmerso en un torbellino de náuseas, acidez de estómago, dolores de cabeza, pérdidas de equilibrio y… por favor, hable más bajito que no aguanto los gritos. La temible resaca. Entonces, en un segundo de lucidez mental, es cuando nos acordamos de la ciencia, los científicos y por qué no han descubierto ya un remedio eficaz e instantáneo para paliar sus efectos.
Bueno, tiempo al tiempo, que Zamora no se conquistó en una hora. Al menos, después de algo más de 200 años de ciencia moderna —bastante menos de los que lleva el ser humano ahogando sus penas en alcohol— ya se ha descubierto la molécula responsable de ponernos tan mal cuerpo (es un decir, ya que si no nos excediéramos no habría tal): la carnosina.












