El estrés crónico provocado por eventos desagradables en la vida de las personas mayores provoca una reducción significativa de la actividad de los neutrófilos, con lo que se desarrollan más infecciones y otros problemas de salud. Estas son las conclusiones de un interesante estudio sobre la salud de las personas mayores y el impacto de nuestro actual estilo de vida caracterizado por un estrés crónico.
Dicen que no hay mayor satisfacción que la que reporta ver el desarrollo de tu descendencia y, a tenor de la alegría que exudan las personas mayores que se convierten en abuelos y abuelas, ver crecer a tus nietos. Sin embargo, en un país como España, donde cada vez hay más personas mayores, además de alegría de disfrutar de la familia, observamos una lista terrible de preocupaciones y experiencias dañinas.
Por ejemplo, ver a tus hijos intentarlo y volver a chocarse contra el muro del desempleo; ver que tu salud, por la que has pagado con tu trabajo durante muchos años, pende de un hilo y encima ahora empiezan a cobrarte extra; o revivir recuerdos de épocas oscuras del paso que temes ver repetirse en el presente… En definitiva, hay mucho estrés.
Actualmente, las enfermedades crónicas degenerativas son la norma y no la excepción. Además, sabemos que estas enfermedades, al menos una grandísima mayoría de ellas, comparten elementos comunes entre sus causas, como por ejemplo la prevalencia de procesos inflamatorios sistémicos crónicos.
Recientemente, Jesús Pintor nos explicaba brillantemente algunos avances en el conocimiento y futuros tratamientos de la inflamación. Ahora hemos ahondado en otros aspectos interesantes sobre el fenómeno inflamatorio y como el actual estilo de vida no hace sino agravar nuestro malestar. Al menos eso es lo que se desprende de otro estudio publicado recientemente en la revista Nutrition & Metabolism.
Las conclusiones del trabajo vienen a decirnos que el estilo de vida actual, la dieta y el demasiado frecuente uso de fármacos antiinflamatorios “desconectan” nuestros propios mecanismos naturales por los que se solucionan los fenómenos inflamatorios. Esta situación crónica de no-resolución del problema inflamatorio es el caldo de cultivo para otras muchas enfermedades. Por lo tanto, no estresemos a nuestros abuelos.
Muchas veces las respuestas a fenómenos complejos se encuentran en la simplicidad de algunas realidades de la naturaleza. Por ejemplo, existen trabajos que demuestran cómo niveles insuficientes de vitamina D se relacionan con procesos inflamatorios sistémicos. Sabemos, también por estudios científicos, que la deficiencia crónica de magnesio tiene como consecuencia una producción excesiva de radicales libres y un estado inflamatorio crónico. Estos ejemplos, como muchos otros, demuestran la estrecha relación entre la alimentación y el estado de salud.
No me cansaré de abogar por estrategias mucho más respetuosas con la salud, basadas en la nutrición y el uso de complementos naturales, con concentrados fitonutritivos específicos que ejerzan un efecto beneficioso contra la inflamación, sin provocar efectos secundarios. ¡Mentira! Para ser justos con la verdad, debemos admitir que sí existen efectos colaterales por el consumo de este tipo de complementos y el seguimiento de dietas ortomoleculares. Lo que ocurre es que dichos efectos secundarios se traducen en beneficios para la salud en otras áreas.
Podemos concluir que lo mejor que podemos hacer es tratar de minimizar los estímulos estresantes y proveer con elementos saludables. Desde complementos proteicos —erróneamente asociados a físico-culturistas y que tantos beneficios reportan a las personas mayores— hasta complementos herbales a base de cúrcuma longa, de la que se ha demostrado contundentemente su poder antioxidante y su capacidad para inhibir los mediadores de la inflamación.
Francisco Carreño-Gálvez, experto en Nutrición Celular y Terapia Ortomolecular (pacocarrenogalvez@gmail.com)




Abusar de la ayuda que te ofrecen tus padres es una nueva epidemia. Cierto que los abuelos están encantados -aparentemente, con dicha tarea. Y con la crisis instalada hasta los huesos, ahora muchos son el sustento de sus hijos. Saludos, Juan.
Gracias por pasarte a comentar de nuevo, Juan Carlos
Solo una pequeña corrección: el autor de este artículo no es Juan, sino Paco Carreño. Y, efectivamente, habría que medir ese nivel de encanto… Saludos.