Pasó un largo paréntesis en el anonimato por su condición femenina, aunque hoy en día se la reconoce como una de las pioneras de la entomología moderna. Naturalista, exploradora y pintora, Anna Maria Sibylla Merian nació en Fráncfort un 2 de abril de 1647.

Sus pasos estuvieron orientados desde la infancia hacia el mundo de la pintura, por herencia paterna, y hacia el de los insectos, por vocación personal. Hija de un conocido grabador e hijastra de un también conocido pintor de naturaleza, a los 13 años dominaba la técnica del dibujo y se entretenía llevando al lienzo insectos y plantas que ella misma recogía. Maravillada por la metamorfosis en mariposas de las orugas, comenzó a dibujar esos cambios, ilustrando estos diferentes procesos en su libreta de bocetos. Estos bocetos fueron la base de sus dos primeras obras. Había nacido la naturalista.

Con 18 contrajo matrimonio con otro pintor y se trasladó a Nuremberg. Allá vieron la luz estos dos textos, pero en 1685 se separó y se trasladó a Waltha (Holanda). Allí entró en contacto con el gobernador de Surinam, Cornelis van Sommelsdijk. Un año después, cambia de nuevo de domicilio y se instala en Ámsterdam, donde se puso en contacto con otros naturalistas y donde conoció importantes colecciones de animales y plantas de ultramar.

Tanto le impresionaron que empezó a meditar en emprender un viaje allende el oceáno para conocer en persona esa naturaleza tan abrupta y salvaje. Empresa que pudo acometer poco después gracias a una beca de este municipio holandés. En Surinam se afanó en trasladar al lienzo todo lo que fue descubriendo sobre la metamorfosis de los insectos de este país tropical. El contagio de la malaria puso fin a la aventura en 1701, pero facilitó su compilación en lo que sería su mayor obra: Metamorfosis de los insectos del Surinam, publicada en Ámsterdam en 1705.

A ella se debe el conocimiento, fruto de sus pacientes análisis y concienzudos dibujos, de que cada oruga depende de un pequeño número de plantas para su alimentación y que, por lo tanto, los huevos eran puestos cerca de esas plantas. Estas observaciones hicieron de ella una de las primeras naturalistas que deparó en determinados aspectos de la vida de los insectos, hecho que permitió a otros naturalizas descubrir otras muchas cosas sobre su desarrollo.

Por ejemplo, la profusión de detalles en los dibujos realizados en Surinán no sólo permitió conocer nuevas especies, sino establecer categorías que hoy se siguen utilizando, como la clasificación de las mariposas en de día y de noche (que llamaba mariposas-capillas y mariposas-lechuzas): “He creado la primera clasificación de todos los insectos con crisálida, las capillas que vuelan de día y las lechuzas que vuelan de noche. La segunda clasificación es para los gusanos, orugas, moscas y abejas. Conservé los nombres de plantas, ya que eran utilizados en América por los habitantes y los indios”, subrayaba en el prólogo de su obra.

A pesar de ello y de que sus dibujos eran bastante cotizados, Maria nunca fue invitada a entrar en ninguna sociedad ciéntífica ni tampoco pudo vivir de sus ingresos como artista. Tuvo que dar clases de pintura hasta que la sorpendio la muerte a los 70 años.

Su trabajo fue redescubierto y debidamente valorado hace pocos años, a finales del siglo XX. En 1987, el Gobierno alemán puso su retrato en el billete de 500 marcos y emitió una edición de sellos con su efigie.

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