Los que vivimos en las grandes ciudades lo sabemos bien. Nada tan reparador tras un largo día de ajetreo por las calles que resguardarnos en el silencio de una habitación oscura. Algunos incluso recurren a los tapones para dejar de escuchar tanto sonido que nos pone de los nervios.
De sobra son conocidos los problemas que causa la contaminación acústica al organismo, incluso para los animales, quienes ven cómo se altera sus pautas de vida —y no solo en el sentido de la orientación, también afecta a la propia procreación de las especies—. Ahora bien, ¿eso que llamamos silencio es tal? ¿De verdad que el aislamiento total es tan reparador?
Parece que no, y eso lo saben bien los realizadores de televisión, quienes han comprobado que emitir imágenes sin el sonido ambiente resta credibilidad a la noticia. Lo que era difícil de imaginar es que la ausencia de sonido nos puede llevar a la locura.
Un grupo de científicos ha experimentado lo que ocurre al someternos a condiciones de aislamiento total. Para ello sometieron a un grupo de personas a la experiencia de permanecer en una cámara anecoica: un habitáculo que absorbe hasta elel 99,99% de los sonidos; anulan los efectos de eco y reverberación del sonido. Su conclusión fue alarmante: permanecer más de 45 minutos en su interior provoca tal tensión en el cerebro que los llevaba a la locura.
Nuestro oído es un radar que busca en todo momento sonidos y, si estos desaparecen totalmente, sigue rastreando…. Y ya que no existen en el exterior, recurre a buscarlos en el interior. Es decir, convierte en nuestro cuerpo, algo a lo que no estamos acostumbrados, en un generador de sonido. Los sujetos sometidos al experimento comentaban que, tras permacer un tiempo en la cámara anecoica, comenzaban a escuchar los sonidos de su respiración, los latidos de su corazón o incluso los sonidos provocados al tragar líquidos o del propio intestino.
Al poco tiempo de permanecer en la instancia, los individuos empezaron a perder el control de su mente y daban claros síntomas de desequilibrio mental. También les afectaba a la hora de moverse —perdían el equilibrio—. Según el equipo de investigadores, los humanos nos guiamos a través de los sonidos, de lo que escuchamos al caminar y, si desparecen estas señales, se pierde el sentido de la maniobra y el equilibrio.
Y si no se lo creen, piensen en lo inquietantes que resultan en las películas cuando el malvado montador nos obsequia con latidos y respiraciones a decibelios más altos de lo normal… ¿Verdad que da escalofríos solo de recordarlo? Si le pica la curiosidad, vea el siguiente vídeo, son solo cinco minutos:





y como hacen los sordos?
Las personas sordas no son capaces de captar sonidos por debajo de determinado umbral, pero no se puede afirmar que vivan en el ‘vacio’ absoluto. Además son capaces de ‘escuchar’ vibraciones, de hecho, utilizan la parte del cerebro destinada a la elaboracion de los sonidos para captar las vibraciones.