Las hormigas se organizan para trocear los alimentos que una sola no puede transportar al hormiguero

A lo largo de ese largo camino que representa la evolución, los humanos hemos desarrollado sistemas para comunicarnos en la distancia, para transmitir señales que lleguen a otros ante situaciones de peligro o amenaza.

Los sonidos procedentes de improvisados tambores, las señales de humo o los más sofisticados lenguajes telegráficos o los telefónos móviles han servido para transmitir situaciones de peligro o emitir determinados códigos solicitando ayuda en la lejanía.

Como animales que viven en grupo, en comunidad, somos conscientes de que precisamos trabajar en equipo para solventar determinado tipo de problemas. Pero no somos los únicos. Nos fascina cuando, al observar a las hormigas, por ejemplo, descubrimos cómo cuando una de ellas detecta un bocado apetecible, pero que no lo puede transportar por sí misma al nido, en cuestión de minutos acuden raudas una legión de compañeras del hormiguero al punto donde se encuentra ese botín y organizan un verdadero equipo de trabajo para su transporte.

Ciertamente, las hormigas también se comunican y lanzan su propio SOS, pidiendo más efectivos para solventar una misión imposible para un solo indididuo. Y, curiosamente, utilizan la química en forma de feromonas. La exploradora, cuando se topa con un insecto que no puede trasladar, da media vuelta y retorna a casa marcando el sendero —al modo del Pulgarcito del cuento infantil— mediante la secrección de feromonas.

Estas hormonas tienen como finalidad provocar comportamientos específicos, son arrastradas por las corrientes de aire y representan un auténtico código de comunicación entre ellas. En concreto, a través de las feromonas transmiten diverso tipo de información, como las necesidades que requiere la reina o acerca de los periodos de celo. Cuando son larvas, el tipo de feromona con el que hayan sido alimentadas determinará su desarrollo como obrera, soldado o princesa. Por último, trasladan señales de alarma ante la presencia de enemigos o marcan la pista para lograr alimentos.

Estas últimas son segregadas por el abdomen de estos insectos y son tan potentes que el resto de la comunidad capta la señal en apenas segundos y se pone en movimiento. Entonces, las hormigas improvisan una caravana y, siguiendo el rastro, se organiza la operación de rescate y captura de la comida, que en minutos se encuentra a salvo en el hormiguero.

Son los senderos químicos más eficaces de la naturaleza. Los biológos y naturalistas que las estudian afirman que es un sistema de comunicación rápido, seguro y altamente preciso. Y que se ha perfeccionado porque la competencia con otras especies en los hábitats donde viven es feroz.

Se trata de un sistema tremendamente rápido, apenas el olor de la feronoma dura unos seis minutos, y tiene que ser así porque estos insectos son basante vulnerables ante otro tipo de depredadores. Las hormigas solo están seguras en su madriguera.

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