En este cursillo acelerado sobre economía al que estamos sometidos, el nombre de las grandes agencias de calificación de riesgos (como Standard & Poor’s, Moody’s o Fitch Group) se ha erigido en el dedo acusador que separa el trigo del grano. En teoría, su poder radica en su capacidad de predicción del futuro económico (al menos del inmediato) con un cierto grado de exactitud. Sus predicciones orientan a los inversores sobre cómo invertir su dinero de forma rentable y segura.

Así, los informes de estas corporaciones pueden hacer que la prima de riesgo se dispare y que un país no pueda encontrar financiación para su deuda si no es a precio de usura.

Y si tanto poder tienen, lo menos que se puede pensar es que las predicciones que realizan estas agencias son certeras. Vamos, que aciertan en una buena parte de sus diagnósticos. ¿O no?

Durante los últimos años, una serie de profesores de la Universidad de Duke estudiaron 11.600 predicciones de Standard & Poor’s para el futuro próximo, examinando a posteriori su grado de acierto. Para ello tuvieron la paciencia suficiente para comprobar si los vaticinios de Standard & Poor’s se habían cumplido.

La conclusión fue demoledora: Standard & Poor’s no tenía absolutamente ninguna idea de cómo iba a ir el futuro de la economía a corto plazo. Aun peor, el estudio de la Universidad de Duke indicaba que la correlación estadística existente entre las predicciones de Standard & Poor’s y la realidad era menor que cero. Esto significa que cuando Standard & Poor’s predice que un valor subirá, en realidad es más probable que baje. Análogamente, cuando predice que un valor bajará, lo más probable es que suba…

El estudio de la Universidad de Duke resultó demoledor. Estos científicos demostraron que la capacidad de predicción de las agencias de calificación no difiere en nada de la capacidad de cualquier adivino charlatán que se gana la vida echando las cartas. Hoy nos reímos al pensar que los romanos consultaban a los augures para sus inversiones (los augures los orientaban basándose en el vuelo de los pájaros). En el futuro serán otros los que se reirán de nosotros al saber que confiábamos en los charlatanes de Standard & Poor’s.

Pero más allá de la anécdota, el estudio saca a relucir que en este juego alguien está haciendo trampas, porque nadie creerá que los de Standard & Poor’s son tan ineptos como para creer en sus propias predicciones (si no, habrían invertido acorde a sus previsiones y se habrían arruinado tiempo atrás).

Más bien parecen maniobras distractorias para que mientras unos miran a sus informes, otros se dediquen a especular con ellos. Y lo que es más preocupante, las agencias de calificación —amparadas por políticos corruptos y periodistas ineptos— han logrado un poder ingente. Y son lo suficientemente malvados para hacer predicciones a sabiendas de que son falsas.

Algo habrá que hacer, ¿no?

Eduardo Costas y Victoria López-Rodas, catedráticos de Genética

Mas información en: “El motor del Capitalismo”. En Pensar rápido, pensar despacio. Daniel Kahneman. Editorial Debate. (2012). Un análisis magistral sobre el tema por el premio Nobel de Economía y Profesor en Pricenton Daniel Kahneman

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