Lo vintage está de moda. Lucir prendas antiguas, deterioradas o rotas marca tendencia a la hora del vestir y no hay fashion victim que se precie que no guarde en su fondo de armario unos vaqueros o unas camisetas que, debidamente lavadas a la arena y convenientemente combinadas con otras prendas relucientes, den ese look de desarreglado pero elegante. Y como consecuencia, o viceversa, que en el mundo de los trapos nunca se sabe qué fue primero, si el huevo o la gallina, no hay firma asentada en el mercado que en su catálogo no nos obsequie con estos modelis.
Porque por mucho que sea tendencia, es mucho mejor acudir a los centros comerciales de turno y pagar en mano que andar hurgando en los baúles antiguos por si sonara la flauta y se hubieran extraviado, benditas abuelas con vocación de urraca, los jeans desgastados que usara en su juventud. Y, por supuesto, más cómodo que pasarse una mañana rebuscando en mercadillos de ropavejeros.
Los fabricantes recurren a determinadas técnicas para conseguir ese aspecto de desgaste en los tejanos. Son técnicas que se aplican a mano y que se basan en el rozamiento o la corrosión. Para ello utilizan papel de lija, rocían sobre el artículo productos químicos, principalmente lejía, o los lavan a la piedra o a la arena.
El lavado a la piedra se puede realizar introduciendo las prendas mojadas en una lavadora con trozos de piedra volcánica. La abrasión provoca el desgaste y el agua, con partículas de piedra pómez, se va al desagüe. Es un proceso lento que se puede acelerar utilizando polvo de piedra pómez disuelto en lejía. La contaminación resultante es mayor.
El lavado a la arena, que tiene resultados más auténticos, consiste en lanzar agua y arena a alta presión sobre los pantalones hasta envejecerlos adecuadamente. Un método sencillo, pero devastador no solo para la prenda, sino también para el operario que la manipula. El chorro resultante genera una auténtica nube de polvo de sílice cristalizado, que puede depositarse en sus pulmones. Su inhalación acaba produciendo silicosis, esa enfermedad plaga de los mineros.
En Europa está prohibido este tipo de manipulación desde hace décadas, pero no la venta de este tipo de ropa, así que basta con trasladar el centro de producción hacia otros países con una legislación más laxa.
Si no puede refrenar sus tendencias en el vestir y si no quiere crear auténticas fashion victims, casi mejor disfrutar de una mañana en los montones de ropa vieja de los mercadillos. ¿No cree?
Enrique Leite
*Y a los fabricantes una reflexión… dénse una vuelta por este portal de internet, Jeanologia, una empresa de Valencia que ha desarrollado con éxito nuevas tecnologías que dejan los vaqueros como viejos sin necesidad de estropear nada más que el denim.





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