Por estas fechas, cuando aprieta la calor, comprobamos de muchas maneras cómo las fuerzas del mal se alían contra nosotros. No solo el espejo es portador de malas noticias —su dedo acusador nos dice que hay que ponerse a plan o, por lo menos hacer, ejercicio para combatir la flacidez—, basta con mirar hacia los pies y descubrir el destrozo ocasionado en forma de durezas o callos por vivir meses embutidos en duros zapatos.
Lo normal es acudir al especialista, pero lo cool es someternos a un tratamiento de ictioterapia: sumergir pies y otras partes de la anatomía en agua con peces provenientes de Asia que nos comen las impurezas y otras enfermedades cutáneas. Del mismo modo que hacen algunos grandes mamíferos y cetáceos, dejamos que unos animalillos nos parasiten y nos limpien de impurezas.
Normalmente, en estos centros se utilizan para este fin especímentes de Garra rufa o pez doctor. Son los encargados de succionar las pieles muertas. Succionar sí, porque no muerden los restos de piel muerta, sino que la aspiran. Pero también se utilizan otras especies que sí tienen dientes y en su labor de limpieza pueden arañar la piel y provocarnos heridas. Ver artículo completo »












