Ducharse todos los días, aplicarse una capa de desodorante y/o colonia, peinarse y adecentar el cabello de manera reiterada, afeitarse o depilarse, limpiarse la dentadura después de cada comida… la verdad es que nos ha tocado la lotería como animales. Dedicamos buena parte del día a la higiene personal y al acicalamiento. ¿Higiene o coquetería?
Digamos que una mezcla de ambos, en nuestro caso. Por una parte, existe un código social que nos impone lucir de determinada manera y, por otra, un código no escrito inconsciente que nos induce a la protección como especie. En el reino animal, no somos los únicos que destinamos parte de nuestra jornada al cuidado corporal. Sin necesidad de mirar más allá del cojín de nuestras mascotas, podremos comprobar que los gatos se lavan a diario utilizando su propia saliva o que los pájaros utilizan su pico para limpiar su plumaje. Otros, algo más comodones, como los hipopótamos o determinados tipo de peces, se dejan desparasitar por otras especies para que les mantengan limpitos (es una relacion comercial; el picabuey obtiene el alimento de los insectos que anidan en la gruesa piel del hipopótamo y este se libera de esos molestos inquilinos).
Ahora bien, los animales se limpian para evitar infecciones, básicamente. Incluso los cerdos, cuando se revuelcan en el barro, están procediendo a desinfectarse. Cuando el barro que se ha adherido a su piel se seca, acaba cayéndose y con él parte de su piel con un buen número de parásitos (algo parecido hacen tambien los caballos).
A diferencia de nosotros, ellos no pueden aislarse del frío poniéndose un abrigo; dependen de su propio pelaje y de su grasa corporal. Mantenerla a punto para que funcione el termostato y no pasen frío o calor requiere de estos cuidados, que en el caso de los gatos les puede absorber durante varias horas al día. Con la saliva no solo quitan los pelos sueltos o la mugre, también masajean y activan las glándulas de la piel que producen grasa.
Del mismo modo, la propia evolución ha desarrollado sus mecanismos para mantenerse al margen de infecciones. Por ejemplo, los perros domésticos tienen que acudir de manera más o menos periódica al veterinario para que les aplique una limpieza bucal. Por naturaleza, son carnívoros y la ingesta de carne cruda y de huesos tiene una doble función: por una parte les dota de nutrientes y, por otra, la dureza de la carne o de los esqueletos actua a modo de cepillo dental y masajea las encías evitando la gingivitis (algo parecido ocurre en la dentadura humana cuando comemos una manzana). El cambio de dieta al domesticarse, sobre todo la de los piensos, hace que sean más vulnerables y padezcan caries.
Cada especie cuenta con su propio ritual, pero el objetivo es el mismo, mantener un cierto nivel de asepsia frente a infecciones. El resto, lo de la coquetería para ser aceptado socialmente por nuestro aspecto exterior o nuestro olor, es puro artificio. Así que cuidado con declarar la guerra al agua y al jabón.




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[...] nuestras mascotas también están experimentando cambios por la nueva dieta a la que los sometemos. Perros y gatos acostumbran a comer sobras, comida [...]
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