Se acerca el veranito y a todos nos entra cierto reparo a la hora de pensar que en poco tiempo nos vamos a tener que lucir en las playas y piscinas con poquita ropa. La operacion bikini se pone en marcha y las dietas imposibles, los sacrificios y el ejercicio físico están a la orden del día. Es el momento de arrepentirnos de habernos zampado esos alimentos basura, que nos hicieron las delicias en la boca pero que ahora nos amargan el presente.

Así que allá va una reflexión para esos momentos de pasar hambre o de agotador ejercicio. Comer bien no solo nos mantiene en forma física, sino que tiene otra serie de valores añadidos relevantes. No tomar mucho azúcar, por ejemplo, es fenomenal para no engordar, además si somos golosos existen bastantes edulcorantes como sustitutivos.

El azúcar, o mejor dicho, los azúcares son imprescindibles para el funcionamiento de todas las células de nuestro cuerpo y, por extensión, para que todo el cuerpo funcione correctamente. Es más, el cerebro funciona solo con glucosa, que es un azúcar. 

Sin embargo, pasarse con el tema del azúcar puede acarrear problemas más serios, y no me estoy refiriendo a ser diabético, estoy hablando de personas que no tienen ninguna enfermedad. Abusar de su ingesta puede producir cataratas y, por consiguiente, perder visión. Si tenemos grandes cantidades de azúcar en sangre, esta llega al interior del ojo, pues es el nutriente esencial de todos los tejidos.

El cristalino consume azúcar para mantenerse transparente, pero si le llega mucha cantidad no sabe qué hacer con él. Los azúcares emplean un ruta bioquímica para su utilizacion en el cristalino, pero cuendo esta se satura, emplea otra, y si esta a su vez se satura, usa una tercera. Es como las carreteras y los coches. Primero se usa la autopista, pero si hay atasco, buscamos alternativas en otro tipo de vías.

Pues bien, si entra en funcionamiento la tercera ruta metabólica de consumo de azúcar en el cristalino, surgen los problemas. Esta vía produce unas moléculas llamadas polioles, que se acumulan en el cristalino. Como consecuencia de esa acumulacion, el agua entra en el cristalino y la perfecta organizacion de esta estructura ocular, que es la que le permite ser transparente, se pierde, con lo que aparecen precipitados que los clínicos denominan cataratas.

Si nos damos un banquetazo, no pasa nada, pero si de manera regular nos pasamos con los azúcares seremos candidatos a padecerlas. Asi que un poco menos de dulce no solo permitirá lucir bikini o bañador, sino también admirar con nitidez cómo lo lucen los demás.

Jesús Pintor. Bioquímico y catedrático de Bioquímica

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