Hay quien define a los tangos como el sonido del canalla perdedor. También se asocian los boleros o los corridos mexicanos con otro tipo de perdedores que ahogan sus penas en alcohol. Son melodías y letras que evocan la noche y descibren escenarios lúgubres, oscuros. Sitios de tragos y humo e historias en las que la botella pasa por un aliado para olvidar.
Y nada más lejos de la realidad, puede actuar como anestésico pero no como amnésico y, en cualquier caso, podría incrementar la capacidad de elaborar recuerdos que permanezcan en el tiempo. Un estudio asocia el alcohol con el estímulo de zonas del cerebro implicadas en el aprendizaje y la memoria. El trabajo, publicado en el Journal of Neuroscience, asegura que el alcohol libera hormonas en el cerebro que están relacionadas con estos procesos. Ver artículo completo »












