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Somos lo que somos, genéricamente como especie y individualmente como especímenes, gracias a la información genética que se va transfiriendo de generación en generación. Este código es el que nos agrupa con otros individuos de parecidas características y, al mismo tiempo, lo que nos diferencia de ellos.

Toda esta información se almacena y se transfiere a partir de dos moléculas, el ADN y el ARN. El ADN está presente en todas las células y contiene la información genética de todos los seres vivos y es responsable de tansmisión hereditaria.

Está formado por un grupo de azúcar (la desoxirribosa), una base nitrogenada y un grupo de fosfato. Su estructura es la de un polímero formado por muchas unidades simples unidas (como las cuentas de un collar). El hilo que los une es el fosfato y lo que diferencia a cada cuenta es la base nitrogenada. Para que esta información pueda ser utilizada, debe de copiarse en otros nucleótidos, llamados ARN. 

Hasta ahora se pensaba que erán las únicas moléculas capaces de realizar este proceso de transmisión genética, pero un equipo de investigadores del Medical Research Council Laboratory of Molecular Biology de Cambridge (Reino Unido) ha conseguido crear seis polímeros sintéticos que pueden almacenar y transportar información. Es decir, en términos generales, transmitir vida.

La revista Science da cuenta de una investigación que abre puertas a una nueva era, la de la genética sintética, que puede revolucionar el mundo de la biotecnologia y de la medicina.

El AXN, que es como han denominado a este tipo de nucleótidos sintético, mantiene la estructura normal del ADN, pero han sustituido los grupos de azúcares originales por otros de tipo compuesto, que son capaces de replicarse, evolucionar y almacenar la información biológica. Es decir, que trabajan del mismo modo que lo hace el ADN.

Este descubrimiento pone en tela de juicio muchas de las creencias actuales, como que la vida tenga que basarse exclusivamente en el ADN y el ARN. La naturaleza ha podido o puede crear vida basada en otros parámetros, del mismo modo que estos científicos lo han conseguido en el laboratorio.

“Nuestro descubrimiento implica que no existe ningún imperativo por el que la vida se tenga que basar en el ADN y el ARN. Lo más probable es que su presencia no sea más que el reflejo congelado de un accidente que se produjo en el origen de la vida”, afirma uno de los coordinadores de este estudio.

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