El mundo de la noche está en continua evolución. Las modas cambian los ritmos que suenan, los locales adonde acudir, la manera de vestir y hasta los tragos que tomar. Ahí está por ejemplo el universo desconocido que se abrió para los gin-tonics o para el vodka, por ejemplo. En cambio, lo que parece estancado desde el mundo de los guateques son bebidas que combinan con el alcohol.
Desde que la tónica se consolidó una vez que “aprendimos a amarla”, apenas han surgido nuevos brebajes para los combinados. Tan solo las llamadas bebidas energizantes tienen éxito en un grupo reducido, y todo basado en su composición.
Entre todos sus ingredientes, si ha tenido la curiosidad entre flirteo y ligue de leer su etiqueta, comprobará que además de la cafeína, contiene taurina. Y no tiene nada que ver con que te dé alas; recibe este sonoro y patrio nombre porque este compuesto se aisló por primera vez de la bilis del toro. Corre el rumor que le pone a uno a tono (con N) para aguantar la larga noche. ¿Se lo creen?
La taurina es un aminoácido no esencial que no suele formar parte de las proteínas, pero que sin embargo contribuye y participa en un número muy elevado de procesos bioquímicos y fisiológicos. Su estudio se profundizó cuando se descubrió que gatos alimentados sin taurina (de modo experimental) desarrollaban problemas cardiovasculares y de visión (degeneración de la retina).
Se sabe que tiene un papel relevante en la regulación del volumen celular o en la formación de las sales biliares, pero lo que más ha atraído a los investigadores es su participación en la regulación de la transmisión nerviosa.
Podría actuar como neurotransmisor, lo que implicaría la existencia de receptores específicos para la taurina en las neuronas, y también como neuromodulador, es decir, la taurina podría interferir en las funciones que llevan a cabo otros neurotransmisores. Hay escasa evidencia para corroborar la primera hipótesis, pero suficiente para que la segunda sea cierta.
De hecho, la combinación cafeína y taurina produce una disminución del ritmo cardíaco, fenómeno que retorna a niveles normales a los 70 minutos con un aumento posterior de la tensión arterial. Adicionalmente, se sabe que en animales de experimentación la taurina tiene propiedades anticonvulsivas y pro-epilépticas. Sin embargo, para tranquilidad de todos, la Comisión Europea ha dictaminado que las concentraciones de cafeína y taurina en este tipo de bebidas no llega a dosis que pudieran ser peligrosas para la salud.
En resumen, y espero no decepcionar a ningún consumidor de este tipo de bebidas, la taurina no se ha demostrado que tenga efectos sobre el rendimiento cognitivo. Si algún componente de esas bebidas lo tiene, esa es la cafeína.
Es más, si la taurina tiene efecto a nivel cerebral, que lo tiene, su efecto es más bien inhibidor que potenciador de la actividad nerviosa. Por consiguiente, si lo que vamos a hacer es ejercicio, las bebidas con taurina y cafeína son adecuadas; pero si lo que queremos es trasnochar, la cafeína es la que funciona.
Y digo yo, si lo que queremos es entonarnos y estimularnos, ¿por qué no tomar un licor café?
Jesús Pintor, bioquímico y catedrático de Bioquímica




