El que no se haya empapado al abrir una lata de un refresco carbónico o una botella de cava porque previamente alguien o algo lo agitara que levante el dedo. Las burbujas, dicen, dan alegría, pero maldita la gracia. Es la cara b de este tipo de bebidas, que cobran vida propia. Ahora bien, hay un pequeño truco que contiene esa fuerza expansiva y desatada del gas.

Vayamos por partes. Si miramos a través del cristal (o de la lata, si fuera transparente) veremos que hay un líquido que llega hasta un derminado nivel. Por encima de él, el recipiente está lleno de un gas. Es decir, que tenemos una sustancia formada por moléculas que están muy juntas (la bebida) y otra formada por otras que son independientes y que se mueven a gran velocidad (el gas) chocando con las paredes y con la superficie del líquido que las aprisionan. ¿Seguro? Pues no, también encontraremos que parte de ese gas se encuentra disuelto en el líquido.

La temperatura, además, es un factor esencial para distribuir el espacio, hace que las moléculas del gas se contraigan, es decir, que quepa más gas. Y a mayor cantidad de gas, aumentará la presión de este. Los fabricantes lo saben y por eso el proceso de envasado se hace a bajas temperaturas.

Cuando abrimos la lata, el gas que está en la superficie (sobre el líquido) escapa rápidamente y el resto (que estaba disuelto) poco a poco va saliendo al exterior y lo hace formando las burbujas.

¿Y si agitamos la lata? Pues sucede un doble proceso: el gas tiende a concentrarse en la superficie del recipiente, pero como hay un exceso de gas, ocurre que una parte de él se mezcla con el líquido. Y lo hace formando unas gotitas que se alojan en las paredes del recipiente. Esta mezcla hace que aumente la presión en el interior.

Cuando encuentra una salida, es decir, cuando se tira de la anilla o se descorcha el tapón, esas gotas salen disparadas en forma de chorro de espuma que salpica todo lo que encuentra en su estela. El resto lo sabemos bien. Nos ponemos perdidos. El efecto durará mientras quede gas disuelto en el líquido.

Y ahora es cuando toca explicar el truco. Tenemos unas gotas alojadas en los laterales, gas en la parte superior y el líquido en la parte inferior. Lo único que tenemos que hacer para evitar el riego es eliminar las gotas y para ello basta con golpear ligeramente las paredes mientras la sostenemos en posición vertical, para que se desprendan esas burbujas adheridas y se mezclen con el resto del líquido (baja la presión). Lo único que saldrá por la boca será gas.

Ahora bien, cuidado, que aquellas bebidas que tienden a formar espuma son más persistentes y arrastran algo de líquido al salir.

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