Llega la primavera y la vista inconscientemente se dirige a los picos nevados de los montes. Comienza el deshielo y con él otro ciclo de la vida. Pero no siempre es así, a veces sus consecuencias pueden resultar fatales, tanto para el destino de la humanidad como para otras especies. Concretamente, la disminución de la capa de hielo en el Ártico no es una buena noticia.

En términos económicos, tal y como se entiende hoy en día la economía dominante, la apertura de una segunda ruta navegable por el Ártico confirmada por la NASA el pasado septiembre (que es cuando se realiza la medición de la capa de hielo) supone un nuevo atajo en la navegación entre Europa y Asia.

Y ya sabemos que para el capitalismo un atajo se traduce en ahorro de costes en el transporte —en el gasto de energía— y, por lo tanto, en mayores beneficios. Aunque a medio plazo se puede augurar un conflicto entre países por reclamaciones de soberanía (bussiness are bussiness).

En términos ecológicos, esta disminución de la capa de hielo supone una pérdida de las reservas de agua helada de un 12% por cada década trasncurrida desde 1980 o, lo que es lo mismo, que se perderá todo el hielo hacia finales de este siglo (eso con permiso del calentamiento global, que puede acelerar estos plazos).

A corto plazo, esta nueva ruta tambien puede servir de vía de escape para que especies marinas migren a otras zonas a través del océano, circunstancia de la que ya han alertado desde la comunidad científica. Ese aumento del tráfico de buques, además, puede provocar cambios significativos en un ecosistema hasta ahora casi virgen.

Afortunadamente, en esta Europa de los recortes y del giro neoliberal, todavía permanecen anclados algunos tics del Estado de Bienestar o una cierta conciencia y la UE promueve un estudio para medir el impacto del cambio climático y de las nuevas actividades que se generen. Los responsables del proyecto examinarán las repercusiones en la sociedad, la economía y la política de la región ártica y también los cambios que se producirán en sus ecosistemas.

En concreto, ACCESS (Cambio climático ártico, economía y sociedad) está acotando al estudio del “medio ambiente en el contexto del cambio climático, el transporte marino y el turismo, la pesca, la extracción de recursos y el gobierno y el desarrollo sostenible” con el objetivo de lograr un desarrollo sostenible en esta zona del planeta para los próximos 50 años. Participarán investigadores de 27 institutos científicos de nueve países europeos y Rusia.

La aportación española corre a cargo de la Universidad Politécnica de Catalunya, que evaluará el efecto de la contaminación sonora en la fauna del Océano Ártico. Así leído puede parecer un asunto exótico, aunque cobra otra dimensión si se señala que la supervivencia de los cetáceos depende de la información acústica que perciben.

Los cetáceos y otros animales marinos, como los cefalópodos, utilizan este sentido para orientarse, cazar, relacionarse… y si se ve alterado o enferman, como ya se ha comprobado en diversos estudios, por la exposición continua a sonidos de baja frecuencia (el que provocan los barcos o las prospecciones petrolíferas), el equilibrio de este ecosistema corre un serio peligro.

Ahora solo falta que sus conclusiones se traduzcan en leyes que permitan realmente un desarrollo sostenible en el Ártico.

Enrique Leite

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