El biodiésel está de moda. Esperamos que nos permita seguir con nuestro actual estilo de vida basado en el petróleo de forma más sostenible y sin apenas contaminar. Y a un coste económico asumible: tan solo un moderado encarecimiento de algunas materias primas agrícolas. Las grandes empresas energéticas (incluidas las españolas Iberdrola o Repsol) están financiando programas de investigación en este combustible.

Y si se obtiene de microalgas, mejor que mejor. Este microorganismo no compite por el suelo agrícola, crece más rápido que las plantas y no forma parte de la dieta de los humanos. Hasta Craig Venter, el gurú de la secuenciación del genoma humano, está en el camino de conseguir una microalga por ingeniería genética (combinando genomas de varias de ellas en una sola) que sea altamente eficiente en la producción de biodiésel. A fin de cuentas, el petróleo está formado mayoritariamente por los restos de las microalgas que proliferaron en tiempos remotos.

Si hacemos un rápido repaso a como funciona la Tierra como máquina térmica, debemos saber que la energía que llega del Sol es captada por cianobacterias, microalgas y plantas (los fotosintetizadotes) y almacenada en forma de moléculas orgánicas complejas. 

Esta energía solar es la base de nuestra alimentación: comemos energía solar procesada por fotosintetizadotes (pues aunque seamos carnívoros rigurosos, un filete de vaca no es mas que energía solar procesada por la hierba que comió la vaca). Asimismo, nuestras fuentes de energía clásicas, el petróleo y el carbón, no son otra cosa que la energía solar de antaño, almacenada por microalgas (en el caso del petróleo) o por plantas (en el caso del carbón).

En ese caso, que intentemos producir biodiésel parece una salida lógica, sostenible y acorde con el funcionamiento de la Tierra, es decir, una solución ideal. ¿O no?

Pues eso dependerá del nivel de consumo energético. La energía que nos llega desde el Sol es limitada (no en vano el Sol está muy lejos) y además las cianobacterias, microalgas y plantas (esto es, los organismos fotosintetizadotes) no son muy eficientes transformando la energía solar en forma de moléculas orgánicas complejas como comida o madera (su rendimiento está por debajo del 1%).

Con los estándares de consumo alcanzados tras la revolución industrial no tenemos, ni de lejos, suficiente con la energía que nos llega desde el Sol (aunque durante la mayor parte de la historia de la humanidad nos hemos apañado muy bien utilizando leña como nuestro principal suministro energético). Estamos obligados a consumir de manera irresponsable la energía solar que se acumuló durante muchos millones de años en forma de carbón y petróleo. Millones de años de acúmulo de energía consumidos en apenas unas décadas… ¡Menuda locura!

Como humanidad, vivimos muy por encima de nuestras posibilidades: usando un símil de economía doméstica, ganamos al año un sueldo pequeño (en forma de la energía que nos llega desde el Sol y que captan los fotosintetizadotes), pero derrochamos inconscientemente un gran capital que hemos heredado (y que fue ahorrado durante millones de años por los fotosintetizadotes en forma de carbón y petróleo). Y nuestro sueldo solar anual es apenas un pequeño porcentaje del capital acumulado que derrochamos…

Aunque funcione muy bien, el biodiésel (incluso consiguiendo microalgas súper-eficientes) nunca será más que una pequeña fracción de nuestro gasto energético. Sin duda, una energía de calidad (que puede, por ejemplo, permitir volar algunos aviones en un futuro sin petróleo). Pero también una energía escasa.

Eduardo Costas, biólogo y catedrático de Genética

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