A punto de terminar febrero, es un buen momento para repasar si ha sido capaz de alcanzar los buenos propósitos que se planteó al inicar el año. Y seguro que en la lista se encontraba ajustar sus pautas alimentarias a un patrón de dieta equilibrada.
Somos lo que comemos o, más exactamente, nos comportamos en función de lo que ingerimos, ya que los alimentos aportan a nuestro organismo la energía suficiente para que nos podamos mover, se regeneren los tejidos, se mantenga estable la temperatura corporal… Es decir, para mantenernos en condiciones óptimas para seguir con vida. Y si no hay equilibrio, surgen los problemas y las enfermedades.
Alcanzar este equilibrio es una capacidad innata en todos los animales —las claves de la supervivencia es algo instintivo— y así lo ha demostrado un reciente estudio publicado sobre la alimentación de un tipo de escarabajo.
El equipo liderado por el biólogo Kim Jensen, de la Universidad de Exeter, recogió hembras del escarabajo Anchomenus dorsalis, un insecto de jardín común, que se alimenta de babosas, polillas, hormigas y hasta larvas de otros escarabajos, y las dividió en dos grupos. Pretendía conocer cómo se comportaban estos animales si pudieran elegir los ingredientes de su dieta.
Dividió a sus hembras en dos grupos. Al primero se les ofrecía para que eligieran como dieta un conjunto de distintos alimentos; algunos ricos en proteínas y otros, en cambio, ricos en grasa.
El segundo grupo no tuvo tanta suerte: una parte eran alimentados solo con proteínas y otros solo con grasas; es decir, con dos tipos de dieta que en ningún caso alcanzaba el equilibrio de nutrientes correctos.
Los escarabajos que podían comer a la carta, sorprendentemente, eligieron combinaciones de alimentos que les aportaban un correcto equilibrio entre proteínas y grasas. La acertada elección se tradujo en que esas hembras ponían más huevos (un parámetro que se asocia objetivamente a la mejora de la especie) que las que no estaban bien alimentadas.
Es la primera vez que un trabajo de investigación científica prueba que los animales carnívoros seleccionan de manera natural los parámetros que les conducen a comer aquello que garantiza una dieta equilibrada. Es decir, que demuestra que los depredadores también procuran seleccionar los alimentos sobre la base de sus valores nutricionales.
Aunque todavía es pronto para universalizar los resultados de este estudio, al fin y al cabo se han centrado en una única especie de insecto, los investigadores creen que es bastante probable que este patrón de comportamiento se cumpla en todos los depredadores del resto del reino animal.
Pero si no le vale este nuevo ejemplo que nos ofrece la naturaleza para reconsiderar su dieta actual, siempre le puede echar la culpa al empedrado y justificar de este modo su fracaso en cumplir su propósito de cambio.
Ahora bien, sepa que los trastornos alimentarios en los humanos son comunes y que no valen argumentos sociales, culturales o económicos. Se producen coman lo que coman o vivan donde vivan.




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