A la memoria de Isaac Díaz Pardo, gallego ilustre que luchó porque la codicia no venciese al ingenio
La persona más lúcida que conozco asegura que la bondad es inteligente. Y como hay pocas personas inteligentes, la maldad debe de ser muy frecuente. En la década de los cuarenta, John von Newman aplicó las Matemáticas (teoría de juegos) para estudiar científicamente las estrategias de comportamiento en los conflictos entre seres humanos. Lo hizo bien: sus aportaciones le convirtieron en uno de los principales artífices de la victoria de los Estados Unidos en la Guerra Fría contra la URSS.
De los modelos de Von Newman se deducen resultados sorprendentes. Supongamos un modelo muy simple: una población donde solo existan individuos malos y otra habitada solo por buenos. La población de malos está en continua búsqueda de conflictos y la de buenos, no. Cuando un malo se enfrenta a un bueno, siempre gana el malo. Pero si se enfrentan dos malos, uno de ellos gana mucho y el otro pierde mucho.
Teniendo en cuenta exclusivamente el beneficio individual, en una población donde todos son buenos, lo mejor es ser malo (enfrente solo tiene a individuos a los que ganará siempre). Pero un conflicto entre malos, puede resultar peligroso, sobre todo si pierdes. Pero ese modelo no es real. Como decía aquel, todos estamos mezclados.
La teoría de juegos permite hacer cálculos predictivos para saber hasta dónde resulta rentable ser malo en una población mixta: el límite está alrededor del 61,5%. Siempre que haya menos de un 61,5% de malos le resultará rentable pertenecer a la minoría.
Pero los comportamientos humanos son algo más complejos (a veces nos comportamos mal y a veces lo hacemos bien). En ese caso, podría sernos rentable hacer de malos el 61,5% de la veces y de buenos en el otro 38,5%.
Con estos límites, no es extraño encontrar tantos actos malvados en la humanidad. Tal vez esto explique por que la codicia a menudo derrota al ingenio (lo que sin duda es la causa última de la crisis).
Pero seguimos complicando el modelo, el premio Nobel John Forbes Nash (cuya vida se recoge en la película Una mente maravillosa) demostró que aunque a un individuo puede resultarle rentable traicionar a otros, le es aun mas rentable colaborar.
Quizás no todo el mundo sea capaz de entender el equilibrio de Nash1 (lo que indirectamente demuestre que la bondad es ante todo inteligente).
Isaac Díaz Pardo representó como pocos la tragedia del hombre brillante y bondadoso rodeado a menudo por la maldad. Las Matemáticas le dieron la razón.
Eduardo Costas




