Una de las paradojas del llamado progreso es que se ha triplicado la esperanza de vida de los humanos, al tiempo que los ha expuesto más a la acción de mutágenos que producen cáncer. No es que antes no los hubiese: los cereales de la antigüedad, cultivados sin pesticidas y almacenados sin conservantes, tenían elevadas dosis de aflatoxinas (un potente cancerígeno producido por los hongos que crecían sobre el cereal).

Pero claro, si uno se muere joven de tifus o peste, por ejemplo, difícilmente puede desarrollar un cáncer. O bien, si se desarrollaba esta enfermedad antes de que los avances de la medicina hubieran sido capaz de diagnosticarla, sencillamente uno se moría pero sin conocer el porqué.

Hubo que esperar a principios de los 70 del siglo pasado para que Bruce Ames y su equipo de la Universidad de California en Berkeley desarrollaran un test, utilizando bacterias, para evaluar la capacidad mutagénica de cualquier sustancia en tan solo 48 horas. Y como el cáncer se debe a mutaciones en el ADN, el test de Ames también sirve como una prueba muy rápida de estimar el potencial cancerígeno de un compuesto. Las pruebas convencionales de carcinogenicidad hechas mediante estudios epidemiológicos o con modelos animales necesitan años para finalizarse. 

El test de Ames utiliza varias cepas de la bacteria Salmonella typhimurium con mutaciones en los genes que controlan la síntesis de histidina (un aminoácido necesario para fabricar proteínas). Las cepas de Salmonella typhimurium normales sintetizan la histidina por sí mismas, pero las cepas mutantes empleadas en este test no pueden hacerlo (por lo que requieren que se les añada histidina al medio de cultivo para proliferar).

La prueba se basa en que si la sustancia a probar tiene actividad mutagénica (y por tanto es cancerígena) provocará mutaciones en la  Salmonella typhimurium que ya tiene defectuosos los genes de la síntesis de histidina. Entre las muchas mutaciones provocadas, estarán también las que arreglen (reviertan) los genes defectuosos que controlan la síntesis de histidina.

En la práctica, las bacterias se extienden en una placa de agar con la sustancia cuyo efecto mutagénico se quiere probar. El medio de cultivo tiene también una pequeña cantidad de histidina que permite a las bacterias crecer durante un tiempo. Cuando las bacterias agotan esa histidina, dejen de crecer. Excepto, claro está, las que hayan mutado recuperando la capacidad de producir su propia histidina, que seguirán creciendo y formarán colonias visibles. El test se deja durante 48 horas. Cuantas más bacterias hayan crecido, más mutagénica es la sustancia ensayada.

Gracias a esta prueba se han detectado miles de sustancias cancerígenas. Y se han prohibido. Y gracias a Ames cientos de miles de personas se libraron (o nos libramos) del cáncer.

Brindemos por Bruce Ames y su equipo.

Eduardo Costas

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