Cuando las agujas de los relojes se junten y marquen las doce en la noche del 31 festejaremos la entrada en un nuevo año, ¿o no? Lo único realmente cierto es que seremos algo más viejos, el reloj biológico nunca se para.
El resto es pura convención, porque el tiempo -no el climatológico- no deja de ser un acuerdo entre humanos (o una imposición aceptada por todos) para parcelar nuestra existencia en periodos más o menos homogéneos que midan el avance de nuestra existencia. Unos lapsos marcados básicamente por la luz y la noche.
Los calendarios se han ido modificando al antojo de los políticos de turno (ya sea Julio César en su momento, o el ahora en vigor, el gregoriano, que se debe al papa Gregorio XIII, así como otras modificaciones menos conocidas) con una finalidad más o menos económica y que han dado paradojas en la historia como años de 447 días o adelantos en el calendario de ¡quince días! Ver artículo completo »












