Archivo para diciembre, 2011


Cuando las agujas de los relojes se junten y marquen las doce en la noche del 31 festejaremos la entrada en un nuevo año, ¿o no? Lo único realmente cierto es que seremos algo más viejos, el reloj biológico nunca se para.

El resto es pura convención, porque el tiempo -no el climatológico- no deja de ser un acuerdo entre humanos (o una imposición aceptada por todos) para parcelar nuestra existencia en periodos más o menos homogéneos que midan el avance de nuestra existencia. Unos lapsos marcados básicamente por la luz y la noche.

Los calendarios se han ido modificando al antojo de los políticos de turno (ya sea Julio César en su momento, o el ahora en vigor, el gregoriano, que se debe al papa Gregorio XIII, así como otras modificaciones menos conocidas) con una finalidad más o menos económica y que han dado paradojas en la historia como años de 447 días o adelantos en el calendario de ¡quince días!  Ver artículo completo »

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A Emma Huertas

A pesar del esfuerzo de miles de científicos, gestores, empresarios y políticos, estamos perdiendo la batalla contra el cambio climático.

Las actividades productivas humanas se mantienen gracias a la combustión de combustibles fósiles. Como resultado, emitimos a la atmósfera cerca de 30.000 gigatoneladas de CO2. Una cantidad muy grande: exactamente 30.000 billones de kilos de CO2 (30.000.000.000.000.000).

En consecuencia, la composición atmosférica está cambiando muy rápido. Charles David Keeling empezó a medir la concentración de CO2 atmosférico en un lugar remoto lejos de industrias y coches: la cumbre del volcán extinto Mauna Loa, en Hawai. La concentración de CO2 atmosférico aumenta continuamente todos los años, pasando desde unas 310 ppm en 1958 hasta 390 ppm en la actualidad. Es fácil augurar el destino que tendremos si seguimos sin poner remedio.

Aunque contumaces, no parece que queramos cambiar. La concentración de gases de efecto invernadero no deja de aumentar en la atmósfera, y eso que decimos que estamos en crisis económica (o será por ello, quizás).  Ver artículo completo »

En las redacciones de los periódicos existe un viejo aforismo: “Nunca dejes que la realidad estropee una buena noticia”. No predicar con el ejemplo es un vicio que ha afectado tanto a las presuntamente almas más pías como a los cerebros científicos considerados como más notables.

De sobra es conocido que el papa Julio II, conocido como el Papa Guerrero, gran martillo de herejes y de la superchería, eligió para su consagración al Pontificado en 1503 el día que los astrólogos vaticinaban los mejores augurios, que jamás adoptó ninguna gran decisión sin consultar con las estrellas y que entre sus vestimentas siempre portaba amuletos de ámbar oriental, que se decía espantaba a los malos espíritus (eso por no hablar de que financió su magna obra, la Capilla Sixtina, con el dinero obtenido de indulgencias, botines de guerra, impuestos por el concubinato del clero o casas de lenocinio en Roma).

Al otro lado de la balanza tampoco se escapan inocentes trastadas como la de Galileo, quien falseó datos experimentales relacionados con el movimiento en planos inclinados para que coincidiesen con sus teorías; o la de Gregor Mendel, el padre de la genética, para cuadrar las propias. Aunque en ambos casos, resultó que la intuición resultó positiva. En el debe de Galileo está el haber visto a Neptuno y no haber reparado en ello. Ver artículo completo »

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En estas fiestas en las que se sucede una comida tras otra, no paramos de preguntarnos cómo puede cabernos tanto alimento en el estómago. Mientras disfrutamos de un abanico de sabores y texturas, algunos frikis nos preguntamos cómo se crean estas texturas o de dónde salen estos sabores que tanto nos gustan.

Es sorprendente cómo hay algunos agentes químicos que pueden servir para hacer los platos de cocina más novedosos o congelar una fuga de agua en una estructura de un puente para que se pueda reparar.

Un ejemplo de estas maravillosas sustancias es el nitrógeno líquido. Y en primer lugar tenemos que preguntarnos algunas cosas como, ¿hay otro tipo de nitrógeno que no sea líquido? La respuesta es sí, por supuesto que sí. Como con casi todas las sustancias, hay nitrógeno en varios estados de agregación. El más común es el gas. Constituye, junto con el oxígeno, el aire que respiramos.  Ver artículo completo »

En estas fechas tan señaladas, me llena de orgullo y de satisfacción…

Señaladas seguro, pero no precisamente por cuestiones agradables, o eso piensan algunos. Hay personas a las que no les gusta la Navidad, porque no sienten su implicación religiosa, porque no les gusta ver a la gente feliz, porque son unas festividades abocadas al consumismo o porque no tienen ganas de cenar con sus suegros (que todavía quedan muchos días de reencuentros familiares).

Por otro lado, pueden suponer una buena oportunidad para acabar con las personas que no te agradan, poniéndole al besugo o al pavo unas gotitas de un producto, que como los perfumes, se presenta en frascos pequeños.

Los venenos, lo digo así de claro por si no os habíais dado cuenta aún de lo que estaba hablando, son elementos que los organismos producen para protegerse, para cazar o simplemente para hacerse respetar. Envenenar a unos parientes en Navidad (o en otras fechas) no está nada bien, no.  Ver artículo completo »

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El Renacimiento supuso para Europa dejar atrás el modelo dogmático que había pervivido durante la Edad Media. Reactivar el conocimiento, poner en cuestión los dogmas impuestos desde el clero, con el hombre como centro del universo. Durante los siglos XV y XVI se produjo la primera de las revoluciones, con la creación y uso de la imprenta; la información comenzaba a fluir y se imprimían los primeros volúmenes de los grandes pensadores del momento.

La recuperación de los elementos y principios grecolatinos permitieron, a aquellos que se atrevieron, dudar sobre Dios y cuestionar una fe que, podría mover montañas, pero abandonaba al hombre a su suerte.

Justo en este momento de la historia nace Miguel Servet, aragonés, testarudo. Hijo de un notario y de madre descendiente de judíos conversos,  nació en Villanueva de Sigena, un pueblo de la comarca de los Monegros, ubicado en el lado oscense. Interesados en que su hijo recibiera la mejor de las educaciones lo enviaron a Francia a iniciar estudios de Derecho. Su pasión por el conocimiento le llevó a dominar la astronomía, la geografía, jurisprudencia y las matemáticas, entre otras disciplinas, además de la teología y medicina por la que es bien conocido. Ver artículo completo »

En el collado de la Marichiva, a poca distancia del hollado Puerto de la Fuenfría, vive un zorro salvaje ajeno al pasado real que se viviera siglos atrás por esos lares. No lejos de allá está el difícil paso que utilizara Felipe II para cruzar la sierra rumbo a El Escorial y a poca distancia, la desaparecida Venta de la de la Fuenfrida, posada y resguardo de reyes y variopintos personajes que buscaran cobijo entre sus abigarrados paredones.

El collado está recorrido por una valla de piedra que sirve de separación entre las provincias de Segovia y Madrid. Por derecho de nacimiento pertenece el zorro a la linde segoviana, vertiente por donde se solaza y desenvuelve, aunque no duda cuando, la ocasión es propicia, en probar suerte al otro lado de la franja, trasladando cuerpo y cola por tierras madrileñas.

La necesidad le ha obligado -como a muchos otros- a cambiar de hábitos, y ajustar sus ‘horarios de trabajo’ a las circunstancias; así, ha cambiado su escurridizo modo de vida por otro más “socializado”, imponiendo a sus formas ausentes y esquivas un talante más abierto y una actitud espléndida para mostrarse y exhibirse. Ver artículo completo »

El bueno de Azarías  (Los Santos Inocentes) se orina en las manos en una gélida mañana de invierno en la Sierra de Fregenal (Badajoz) antes de proceder a la manipulación del maíz. El señorito le suelta una dura reprimenda ante la atónita mirada del viejo labriego.

Antes de los avances cosméticos y el uso en el tajo de los guantes de trabajo, quienes trabajaban en duras condiciones al aire libre sabían que aplicando un poco de orín evitaban que se les cuartearan las manos. Azarías no sabría el porqué, pero el remedio era eficaz.

La piel, la parte más expuesta de nuestra anatomía a las agresiones exteriores, necesita retener una buena cantidad de agua para evitar que se vuelva vulnerable y deje de funcionar al modo de barrera ante dichas adversidades climáticas.

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Aglomeraciones aparte, con los desgradables efectos colaterales de toparnos con alguna mofeta humana que otra en el camino, en estas fechas navideñas parece que se respira otro ambiente, que huele diferente. Y no nos estamos refiriendo precisamente al olor de castañas recién asadas, al acebo, al abeto adornado o al musgo de los belenes al uso, ni por asomo a ese olor a limpio que pregonaban nuestras abuelas.

Las tiendas y los regalos tienen su propio aroma. ¿Casualidad? Pues va a ser que no. Hagan una simple prueba, seguro que no son capaces de recordar el último anuncio que han visto por la tele o en la calle o el último producto que han tocado, pero sin duda, la mayoría serían capaces de reconocer el último olor percibido. Ver artículo completo »

Durante la Edad Media los basiliscos inspiraron el terror más absoluto. Consiguieron el mérito de ser las bestias más atroces en una época tan profusa en supersticiones. En los Dialogus creaturarum (1480) se describe al basilisco como “una clase de lagarto, al que se llama Basilisco en griego y Régulo en latín; Isidoro de Sevilla dice que es el rey de todo ser vivo excepto del hombre: Todos huyen del basilisco debido a que su hálito es mortal, lo mismo que su apariencia, y las armas conocidas no sirven contra el…”.

Dado que quien lo veía directamente moría, la única forma relativamente segura de ver a un basilisco era reflejando su imagen en un espejo.

Hacia el año 1300 empezaron a proliferar en Europa las Jenny Haniver. Muchos eruditos medievales (como Fray Selimbeno de Adamo, Cesareo de Heisterbach o Pierre Des Vaux de Cernay), nobles y Papas contaron con una Jenny Haniver como su posesión mas preciada y secreta. Solo las mostraban en contadas ocasiones y por supuesto se las contemplaba reflejadas en un espejo.  Ver artículo completo »