El agua que cubre los océanos (en su origen) podría proceder de esa multitud de cometas que descargaron una lluvia de meteoritos que impactó sobre la Tierra hace … miles de millones de años. Inquietante afirmación. O dicho de otro modo, la vida en el planeta tiene su génesis en el espacio exterior y, por lo tanto, se pudiera decir que somos extraterrestres -al menos en parte-.

Esta nueva teoría sobre la formación de la vida, con todos los condicionales que ponen los científicos a la hora de hacer sus afirmaciones, se abre paso con fuerza desde principios de esta década tras los pormenorizados análisis de las muestras de rocas procedentes de la Luna traídas en las misiones Apolo a finales de los 60 y 70.

Como la mayoría de las historias que tienen que ver con el porqué de nuestra existencia, este relato nace de un caos (llámese Big Bang o como sea) del que surgió el orden. La instantánea del Sol y de los planetas orbitando de manera armónica a su alrededor que se puede ver en cualquier planetario es precisamente eso, una foto. Antes, cada planeta dibujaba su propio movimiento de rotación y era fácil que se produjeran colisiones.

Colisiones entre planetas que junto a la cadena de asteroides y choques de cometas provocaron un cataclismo en el sistema, un auténtico bombardeo de meteoritos.

Los astrónomos consideran que en realidad no hubo una sino dos violentas sacudidas. La primera ola de impactos se produjo en el periodo de nacimiento del Sistema Solar, que denominan ‘temprano’. Una vez acabado, el sistema sufrió una segunda oleada, igualmente violenta, al que se le conoce como ‘tardío’.

En todos los planetas, pero en especial en la Tierra-que al fin y al cabo es donde habitamos- los inmumerables impactos cubrieron la superficie de ‘agujeros’ de más de mil kilómetros de diámetro y provocaron una alteración de la energía térmica existente. Es decir, se crearon unas nuevas condiciones ‘ambientales’ ( se habría borrado del mapa cualquier vestigio de vida que se hubiera desarrollado hasta entonces).

Otra de las consecuencias de este ‘apedreo’ -en este caso comprobada- es que estos meteoritos transportaran (aportaran) la mayor parte del agua que se ha encontrado en la Luna. Siguiendo esta teoría no es difícil concluir que si la Tierra también sufrió esta lluvia sólida, parte del agua de nuestro planeta proceda del mismo sitio (sobre todo si tenemos en cuenta que sus características químicas son similares).

De hecho, las investigaciones han puesto de manifiesto que las propiedades químicas del agua lunar son muy similares a las de tres conocidos cometas: Hyakutake, Hale-Bopp y Halley. Que a su vez tienen propiedades muy similares al agua terrestre procedente del manto interno.

A partir de la existencia de agua -una procedente del espacio y otra de origen puramente terrestre- ya sabemos como se desarrolló el ciclo de la vida.

Y como guinda, y comentado entre paréntesis, hay científicos que afirman que la Luna se formó como resultado de un tremendo impacto durante el que un cuerpo del tamaño de Marte chocó contra la Tierra, eyectando una ingente cantidad de material que, más tarde, se convirtió en nuestro satélite.

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