En un lugar de África, de cuyo nombre no puedo olvidarme, coexisten burocracia, mafias, corrupción y desigualdades sociales. Algunos médicos y la mayor parte de la población siguen creyendo que el preservativo no previene el SIDA. Los escasos recursos sanitarios son parasitados por la codicia de los profesionales, que utilizan el sistema de beneficencia para su uso en la privada.
En este lugar de África, la mayor parte de las personas no ven como necesaria ni conveniente la canalización del agua potable a sus casas, no conciben como prioritario este acceso; las aguas cloacales son vertidas directamente a los arroyos donde se bañan los niños, se pesca, se llenan bidones para las casas, se lava la ropa y se bebe.
Aunque haya una tímida recogida de los residuos sólidos, estos en realidad son llevados a una montaña de basura donde personas y animales revuelven en busca de nada.
La gente pasea como sin un rumbo muy fijo, en lo que allí llaman ciudades, y al final, propiamente, solo trabajan los niños. Incluso las mujeres, soporte indiscutible del continente, encuentran en el acarreo del agua una diversión social y son firmes opositoras a la canalización de dicha fuente de suministro.
El trapicheo y los asuntos personales son la norma, y el soborno y la estafa las claves de una emergente economía sumergida que permite, por cierto, la proliferación explosiva de dispositivos electrónicos, incluyendo móviles de última generación con acceso a Internet.
Como existen valiosas materias primas, hay fuerte interés en las potencias por no quedarse fuera. Y docenas de cooperantes exponen por allí sus vidas en diversos proyectos humanitarios, que, dadas las condiciones sociales, legales, culturales y de infraestructuras de la región, tienen un pequeño, casi nulo, impacto.
El crecimiento económico se orientará hacia el desarrollismo, devastador para el medio ambiente, demoledor para la cultura campesina, en franco retroceso y nefasto desde el punto de vista social, porque se empobrecerán todavía más los pobres y se creará una casta dirigente enriquecida y blindada, con todo tipo de bienes de consumo a su alcance, importados desde la potencia regional.
La vida de estos africanos es corta. Y no parece que su esperanza de vida vaya a aumentar. El contagio de SIDA, hepatitis y malaria es posible y frecuente tanto fuera como dentro de los hospitales de beneficencia que, aunque disponen de algunos desinfectantes y medidas de control de la infección, estas son aplicadas solo a veces, y básicamente cuando hay agua potable, esto es, casi nunca.
Juan Martínez



