Últimamente, los volcanes nos traen de cabeza. Sean las erupciones islandesas que amenazaban con su nube a Europa, sean los movimientos que se están registrando desde principios del verano en la canaria isla de El Hierro.
Al igual que con la imaginación, el miedo es libre. Afortunadamente, la información, gracias a internet, también. Pero es preciso manejarla con cierta prudencia para no crear estados de pánico o provocar un desborde imaginativo que nos lleve a la histeria colectiva.
Los 386 temblores de tierra registrados en esta zona de Canarias por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) durante la primera quincena de julio, que han aumentado hasta la cifra de 6.500 en la primera quincena de septiembre, han levantado una cierta polvareda sobre la reactivación volcánica en esta zona del planeta.
Y con ella, los temores más o menos milenaristas sobre las consecuencias que podría provocar una reactivación del volcán de la isla de la Palma; ni más ni menos que el derrumbe al mar de parte de su territorio, que causaría uno de los megatsunamis más grandes y mortíferos de la historia.
Los propios vulcanólogos todavía no han determinado el origen de estos movimientos sísmicos. Y la duda siembra la controversia. Oficialmente, los técnicos del IGN se decantan por no afirmar, de momento, la naturaleza volcánica de los mismos. Una opinión que todavía no es unánime, ya que otros científicos no la descartan en absoluto.
Y claro, habida cuenta que en este área se produjo el nacimiento de un volcán en 1971 (el Teneguía), la falta de unanimidad en la comunidad científica nos debe hacer reflexionar y no desechar ninguna teoría que explique lo que está ocurriendo en El Hierro.
La vulcanología cuenta con una tecnología que está en constante evolución y perfeccionamiento. No existe ninguna ‘sonda’ que nos dé información precisa de lo que ocurre bajo la superficie de la Tierra. Por ello, las hipotésis se elaboran en base a la interpretación que se hace de datos indirectos.
En este caso, una erupción volcánica se sabe que viene precedida por pequeños movimientos sísmicos, deformación del terreno y emanaciones de gases (entre otros fenómenos). De momento, además de los pequeños temblores, el IGN sólo ha contabilizado un pequeño desplazamiento de terreno. Pero no hay rastro sobre la emisión de gases.
En El Hierro se cumplen dos de las tres condiciones, un indicio de que el volcán está empezando a despertar, pero también podrían obedecer al continuo movimiento de las placas tectónicas sin más.
En cualquier caso, existe un protocolo de emergencia y evacuación de la población muy concreto. Un semáforo que con el código de tres colores establece los niveles de alerta: el verde indica normalidad, el amarillo situación de prealerta y el rojo es la señal para que la población se ponga a disposición de las autoridades.
A día de hoy, el color que marca es el verde. A partir de ahí, cada uno de nosotros es libre para disparar su miedo, su imaginación, buscar información más precisa en el red o esperar a que concluya el trabajo de los investigadores.




Me imagino que el temor por una posible erupción volcánica está en el sustento de los habitantes de el conjuto de las islas, el turismo. Noticias inciertas no ayudan y menos ahora. Habrá que esperar a recopilar más información y por personas que dedican su vida a ello. Saludos, jc
Eso es lo prudente, Juan Carlos, dejar que los especialistas hagan su trabajo. Transparencia en la información si, pero no provocar alarmas innecesarias