Descansar, o mejor dicho dormir, es esencial para el buen funcionamiento del cuerpo. No es solamente porque nuestro cerebro se reinicie para estar listo al día siguiente, sino que durante las horas de sueño también nuestro organismo aprovecha para repararse. Durante el sueño, por ejemplo, se produce la síntesis de proteínas ya que el cuerpo está casi inactivo y todo el esfuerzo se centra en el mantenimiento. Esta es la razón por la que las mujeres embarazadas pasan por rachas de somnolencia casi de manera permanente. Mientras la madre duerme, el bebé sintetiza proteínas y crece a toda velocidad.

La ausencia o carencia de sueño deja secuelas importantes: nuestras funciones cognitivas no van a estar a la altura de las circunstancias, hecho que puede resultar peligroso en función de nuestra actividad cotidiana (imagínense un conductor de autobús o un piloto, sin ir más lejos).

¿Cuánto se puede estar sin dormir? Más o menos once días. Ese fue el resultado de un experimento realizado en 1965, cuando un adolescente de 17 años llegó a las 264 horas de vigilia. Sus competidores también realizaron un papel digno, llegando a estar despiertos entre ocho y diez días. 

El estudio fue realizado y seguido con extremo celo y, sorprendentemente, ningunos de los participantes sufrieron problemas médicos, neurológicos, psicológicos ni psiquiátricos serios. Eso sí, fue patente su pérdida gradual de atención, motivación, concentración y percepción. Otra cosa sorprendente fue comprobar que, tras una o dos noches de sueño, las cobayas se habían recuperado al 100%.

Sin embargo, hemos de ser cuidadosos porque suele ocurrir que uno, cuando tiene mucho sueño, se puede dormir y no darse cuenta, incluso con los ojos abiertos, por lo que a veces es difícil definir qué es el estado de vigilia. Es lo que se denomina microsueños. En este sentido, existe una enfermedad denominada síndrome de Morvan, que se caracteriza entre otros síntomas por una disminución de las horas de sueño. Un estudio realizado en Francia con un individuo que sufría esta enfermedad demostró que no había dormido durante varios meses. Este señor no tuvo ningún cuadro extraño a lo largo de estos meses, sin embargo, todos los días entre las 9 y 11 de la noche tenía alucinaciones visuales, auditivas, olfativas y táctiles. ¿No les recuerda esto a lo que llamamos soñar?

Es muy probable que todo el mundo, llevado a situaciones límite de falta de sueño, pase por episodios de alucinaciones como los del francés, trances que funcionen a modo de microsueños que permitan mantenerse mínimamente operativo el resto del día. Si esto es así, probablemente habría que reevaluar el record del año 1965, empleando técnicas más sofisticadas para saber verdaderamente cuánto aguantamos sin dormir.

Una cosa tengo clara, seguro que quien tiene los datos más precisos sobre cuánto tiempo se puede estar sin dormir sean los militares, pues siempre han tenido en su punto de mira poder tener en alerta a los soldados sin ni siquiera dar una cabezadita. No se si esto es top-secret, pero me gustaría saber qué resultados tienen…

Jesús Pintor

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