
Foto de Carmen Romero/Más que Ciencia
Mi amigo Paco es médico general y vive en un pueblo precioso en pleno Pirineo leridano. Mi amigo Paco está algo sordo porque antes de hacerse médico fue obrero en una fábrica catalana, y en aquella época los obreros se quedaban sordos o perdían una mano en el trabajo. Mi amigo Paco no es catalán, aunque su fuerte acento te haga pensar lo contrario, sino que es andaluz emigrado de crío en busca de mejor fortuna.
La hija de mi amigo Paco es un encanto de persona. Si viviera Rafael, la elegiría a ella como modelo para sus madonnas y cualquiera la escogería como amiga, madre o hija, según el caso. La hija de mi amigo Paco quiere ser matrona y, siendo enfermera, no encuentra cómo. Busca una salida en Portugal o en Holanda, pero estos europeos del Norte, que antes nos daban lecciones, ahora le pierden los papeles a uno a la media vuelta.
Paco, su mujer, su hija no han tenido existencias sencillas, nadie dijo que esto fuera fácil. Pero la felicidad desborda por sus sonrisas y sus hablas y, si te digo la verdad, yo de mayor quiero ser como él y de mi hija espero que sea como ella. Ver artículo completo »