En aviones viajaron los primeros casos de SARS (síndrome respiratorio agudo grave) que atemorizó al mundo en 2003; en avión se propagó la gripe pandémica de 2009; y a diario se mueven rápidamente en aviones por el mundo pacientes con tuberculosis activa, por poner algunos ejemplos.
El avión, sin embargo, suele ser un medio de transporte bastante seguro en términos de riesgo biológico, porque en ellos el aire pasa a través de filtros HEPA, capaces de eliminar bacterias, hongos y muchos virus, además de existir una eficiente compartimentación que aísla las secciones e impide que, en realidad, más allá de la fila de pasajeros en la que estemos, se propaguen la mayoría de agentes infecciosos.
Pero sí, al final el individuo llega al aeropuerto, masificado, y a un nuevo destino y, efectivamente, las enfermedades infecciosas, en particular las que se transmiten por la tos (por gotas de secreciones respiratorias), no tendrán freno a su expansión por el mundo, dado el nivel de comunicación actual por avión.
En 2007 una iniciativa europea revisó lo escrito en relación a este riesgo y consultó a expertos de todo el mundo sobre su posición en cuanto a prevención y control. El resultado, llamado proyecto RAGIDA, acaba de ser publicado por los ECDC, los centros europeos para el control de las enfermedades de Estocolmo.
Sin embargo, los propios fabricantes de aeronaves han sido los que, en la más absoluta discreción, han ido por delante, generando tecnología y simuladores para evaluar y predecir los riesgos para las conocidas enfermedades y también para las formas no conocidas de riesgo potencial.
El bioterrorismo existe. Los dementes existen. Los secuestradores existen. Y además existen multitud de seres vivos que se propagan a través de maletas, ropas, mercancías y personas. La globalización es un hecho más real ahora que nunca y en biología se manifiesta a través de las invasiones de especies foráneas, como los jacintos de agua, los mejillones cebra o la grafiosis, mientras que en medicina lo hace por la rápida difusión de enfermedades antes confinadas geográficamente.
¿Quién podría haber imaginado dengue autóctono en Europa? Se trata de una enfermedad viral febril, potencialmente grave, transmitida por un mosquito propio de climas tropicales. Pues ya ha llegado, o quizá sólo ha vuelto: la fiebre amarilla asoló Barcelona en 1821. Entonces no se trataba de aviones, sino de barcos, los eficaces propagadores de las enfermedades importadas.
Juan Martínez





Menudo tema… recuerdo que una vez un avión que despegó de un aeropuerto europeo tuvo que volver, cuando estaban en el aire la gente se quejaba de una peste en el interior y, para la sorpresa de todos, la peste procedía de comida que había quedado abandonada desde días o semanas, en los compartimentos para las maletas pequeñas. Desde luego que toda precaución es poca.
Por ejemplo, cuando la ya olvidada epidemia de fiebre aftosa de las ovejas en el Reino Unido, todo los pasajeros debiamos pisar en alfombras impregnadas en lejía al salir del avion… y la comida, el resto del catering, que se solía dedicar a consumo de animales, hubo de ser eliminado como si se tratase de un material de guerra biológica, poco más o menos….