El kwashiorkor es la enfermedad del destete (de forma más formal, la enfermedad del cese de la lactancia). Mientras los niños maman, en gran parte de Asia y África, reciben un aporte calórico proteico si no suficiente, sí al menos mínimo para su crecimiento y desarrollo. Cuando su futuro hermano aparece como una dura competencia en el vientre gestante de su madre, el niño comienza a alimentarse con sus hermanos y el resto de la comunidad con una dieta abruptamente distinta, en general basada en una monótona fuente de hidratos de carbono. La patata, la yuca, la malanga y el mijo o el arroz, según los países y continentes, constituyen con frecuencia el único y reiterado alimento para la mayor parte de los días. El aporte de proteínas decae súbitamente y esto tiene consecuencias ponderales y en el desarrollo psicomotor.

El niño deja de medrar, esto es, de crecer en talla y en peso de manera armoniosa. Desarrolla hipoalbuminemia: las proteínas plasmáticas decaen, lo que conlleva tendencia al edema, en particular el aumento del perímetro abdominal se vuelve muy evidente (ascitis). 

El cabello actúa como notario del tiempo pasado, de modo que se observa el pelo de la raíz frágil, ralo y rojizo, frente a otro más antiguo normal, separados por una especie de frontera, la que cronológicamente constituyó el paso de la lactancia a la vida infantil de niño pobre del Tercer Mundo.

A veces engañosamente, el peso del niño puede estar conservado, pero su masa muscular y su grasa corporal denotan una evidente malnutrición. Este tipo de malnutrición comporta un riesgo incrementado de sufrir complicaciones o mala evolución de enfermedades infecciosas infantiles, como el sarampión.

Se calcula que en el mundo hay más de 115 millones de niños malnutridos y en conjunto la desnutrición de madres e hijos constituye el 10% de toda la carga de enfermedad a nivel mundial.

A diferencia de estos niños, un vegetariano estricto de un país desarrollado comería tal cantidad de proteínas procedentes de la soja, las legumbres o los frutos secos que jamás presentaría estas alteraciones. En general, la dieta occidental es tanto hiperprotéica como hipercalórica y el resultado es la explosión de la obesidad y las enfermedades metabólicas como la gota y la diabetes, que afectan masivamente a nuestra población y amenazan, por sus costes, a la sostenibilidad de los sistemas asistenciales.

Juan Martínez

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