Polifemo, el temible cíclope que aterrorizó a Ulises con la mirada de su único ojo desde el centro de su gran cabezota, es el resultado de la imaginación calenturienta de un embustero Ulises que, al volver a casa después de vagar por el mundo durante más de 20 años, sin duda tuvo que dar muchas explicaciones por su inexplicable retraso. Pero Ulises no inventó tanto como pudiera parecer a primera vista.

En sus correrías, pasó un tiempo en Sicilia (los temibles escollos y remolinos Escila y Caribdis se hallan en el difícil Estrecho de Mesina). Y en las cuevas de la isla aparecen abundantes esqueletos de gigantes con grandes cráneos… y una única cavidad en el centro de la cara: son los fósiles de los cíclopes.

Durante el siglo XX, en la cueva de Spinagallo, prácticamente al lado de Siracusa, se encontraron cientos. En realidad, se trata de huesos fósiles de elefantes enanos. Y la cavidad hueca no es un ojo: corresponde a la base de la trompa. 

Muchas de las grandes islas del Mediterráneo (Sicilia, Cerdeña, Chipre o Creta) estuvieron habitadas por especies de elefantes enanos que proliferaron hasta hace bien poco. Los últimos se extinguieron menos de 10.000 años atrás, cuando las grandes civilizaciones de la Edad del Bronce estaban prácticamente en su cuna.

Estos elefantes enanos (de apenas un par de cientos de kilos y alrededor de dos metros de alto) son los descendientes del elefante de bosque europeo, que se extinguió en el continente hace 100.000 años.

Llegados a unas islas sin grandes predadores que los diezmaran y con pocos recursos a su alcance, ser grande no resultaba ser tan ventajoso. La selección natural favoreció a los más pequeños y, con el tiempo, sólo quedaron elefantes enanos. Y no sólo elefantes, en esos parajes también había hipopótamos del tamaño de un cerdo.

Es un hecho común en la evolución. Incluso los seres humanos no somos inmunes a esta tendencia, y el Hombre de Flores, aislado en las islas de Indonesia hasta hace unos 13.000 años, evolucionó hacia el enanismo (alcanzando apenas un metro de altura).

Los sucesivos cambios climáticos, que incrementaron la aridez del Mediterráneo, y la ayuda de unos cuantos cazadores de nuestra especie condujeron a estos paquidermos a la extinción. Pero, superando al ave fénix, sus cráneos de una única cuenca renacieron como fósiles de una nueva especie mitológica: los cíclopes.

Y todo gracias a la imaginación de un Ulises marrullero que tuvo que dar muchas explicaciones a su señora Penélope por su larga e injustificada ausencia coqueteando con ninfas.

Eduardo Costas

About these ads