Un reciente artículo de la revista Emerging Infectious Diseases refiere el curioso caso de elefantes enfermos de tuberculosis que contagiaron a los cuidadores y trabajadores que entraron en contacto con ellos.

Por otra parte, la forma más común de contagio de la tuberculosis en la Antigüedad probablemente era el consumo de leche contaminada de vacas tuberculosas, problema hoy ya totalmente eliminado de nuestro entorno. En el estudio sobre los elefantes, la infección se propago por vía respiratoria. También pueden sufrir tuberculosis los perros y así se ha demostrado.

En realidad, todo este preámbulo es para llamar la atención sobre el verdadero problema: la tuberculosis humana (TBC), transmitida de persona a persona. Se calcula que en el mundo hay más de 2000 millones de personas infectadas por la bacteria causante de la TBC.

Estar infectado no implica desarrollar la enfermedad, pero es condición indispensable. Esto es, primero te infectas y luego enfermas, o no. Para que un infectado enferme, generalmente se deben dar algunas circunstancias más, en particular desnutrición, alcoholismo, infección por el VIH o malas condiciones de vida (pobreza), aunque en ocasiones el sujeto que enferma carecía de todos esos factores. 

El hecho es que todavía en nuestro entorno hay nuevos caso de TBC, demasiados, más de 5.000 cada año en España, y muchos más de infección tuberculosa latente. Cada caso contagia a unos pocos sanos, y de estos alguno desarrollará la enfermedad en el plazo de uno o dos años (en ocasiones, mucho más tarde).

Como se trata de un goteo de casos, a veces se hacen pocos esfuerzos para interrumpir la cadena. En concreto, tratamos bien a los enfermos y dejamos escapar con frecuencia a los nuevos infectados sanos. Una de las razones esenciales es que el sistema está orientado a tratar enfermos, no a seguir y tratar a las personas sanas.

Todos los convivientes de un enfermo TBC deben recibir valoración médica. Debemos descartar que estén enfermos a su vez, y una vez descartado esto, se deben tratar con una profilaxis, es decir, con un medicamento preventivo. Así de simple y así de complejo. Porque es difícil convencer a una persona por lo demás sana de que debe tomar algún medicamento durante meses. Y también porque algunos no toleran el medicamento o no les conviene por algún otro motivo médico. Pero merece la pena intentarlo.

La tuberculosis es una enfermedad prevenible y curable, y en el futuro su incidencia debería reducirse mucho, gracias al control de los familiares y contactos de estos pacientes.

Juan Martínez

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