Los anfibios son verdaderos indicadores de la salud del planeta

Ha muerto una rana en Holanda. Descanse en paz… La Oficina Internacional de Epizootias (OIE) ha comunicado puntualmente el deceso: se ha detectado un ejemplar de Rana ridibunda que ha muerto infectada por un virus de nombre ranavirus (¡que original!). Hasta aquí podría resultar divertido o jocoso, pero analicemos el caso en detalle.

Los anfibios son verdaderos indicadores de la salud del planeta. Su ritmo de desaparición acelerado impresiona a los científicos de las diversas especialidades implicados en su estudio. Todo parece apuntar que no existe una causa única sino un conjunto de causas, en su totalidad relacionadas con la agresión ambiental continuada propiciada por el hombre.

Su piel es demasiado fina para resistir la radiación ultravioleta, intensificada por la reducción de la capa de ozono. Al vivir en medios lacustres y fluviales, la inmensa cantidad de contaminantes químicos industriales y urbanos en ellos vertidos intoxican los especímenes y reducen sus poblaciones. 

El hongo Batrachochytrium dendrobatidis ha sido uno de los principales factores para la reducción de las poblaciones. Ahora los ranavirus, que han llegado por la importación clandestina de batracios. Incluso alguno de nosotros propuso una asociación entre salud pública y reducción de las poblaciones de anfibios, al indicar que las hormonas sexuales de origen humano o animal, vertidas masivamente a los ríos, podrían actuar como disruptores endocrinos, dañando gravemente sus ciclos reproductivos.

Que una rana muera en Holanda puede resultar gracioso. Pero este no es un problema solo de ranas. Estamos modificando a un ritmo acelerado las condiciones ambientales a escala global y parece inevitable que se cumpla, en su versión biológica (y libre), aquel poema de Martin Niemöller: “Primero fueron las ranas y a mí no me importó porque yo no soy una rana, luego los mamíferos superiores y no protesté porque no creía ser uno de ellos y cuando ya nos llegue a nosotros, entonces será demasiado tarde, nadie podrá protestar por nosotros…”

Juan Martínez

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