Archivo para marzo, 2011


Mirada de asombro ponen todos los niños cuando los mayores les aseguran que se puede cortar sin temor el rabo de una lagartija, que le vuelve a crecer. Todo un prodigio, envidia de cualquier traumatólogo, el artesano de los huesos.

Los ciberfuturistas —más ligados a la neurología que a los traumas— pronostican que, en 50 años, unos microchips instalados en el cerebro en combinación con artilugios creados en el laboratorio transformarán las parálisis (paraplejias o tetraplegias) o las amputaciones en un proceso de adaptación para manejar miembros artificiales.

También auguran técnicas operatorias tan poco invasivas que las actuales laparoscopias parecerían auténticas carnicerías. Dibujan a un cirujano frente a una pantalla táctil manipulando el cuerpo de su paciente mientras, en la sala contigua, una maquinaria de precisión ejecuta las órdenes con tal exactitud que sería capaz de separar células sin dañarlas.

Quirófanos sin sangre, pacientes sin cicatrices y, sobre todo, el cuerpo humano restaurado sin problemas. Meta de un camino que comenzó por el aprendizaje de que, ante una rotura, la inmovilización permite que los huesos quebrados se unan (las tabillas y el yeso), que gracias a los rayos X y a la anestesia se pudo avanzar en la ferretería (osteosíntesis), en la consecución de piezas de recambio igualmente válida que los originales (prótesis, placas, tornillos…) y la artroscopia y la microcirugía.  Ver artículo completo »

La ciencia progresa fundamentalmente a través del experimento, que permite crear una situación controlada en la que se somete a confirmación la hipótesis en estudio, o más bien, a refutación o falsación la hipótesis nula (la de la no asociación, no efecto, etc.). Si hay diferencias observadas entre las dos posibilidades sometidas a estudio, no hay más remedio que rechazar la hipótesis nula y aceptar provisionalmente la hipótesis alternativa, es decir, la de la asociación, la del efecto.

Así se pueden ensayar en el laboratorio sobre células o sobre ratones, por ejemplo, las sustancias cancerígenas, los antioxidantes o los medicamentos para tratar enfermedades inducidas previamente en el animal. Un grupo se somete a la sustancia en estudio y otro a una sustancia inocua, como suero salino.

Este modelo no puede ser trasladado directamente a los seres humanos, pues carecería de unos mínimos éticos el realizar semejante experimentación. En los experimentos en humanos, o ensayos clínicos, se debe cumplir con un riguroso sistema de consentimiento informado y aprobación por un comité ético de investigación clínica. El objetivo general es garantizar la libertad informada de los individuos para rechazar o aceptar participar en el estudio, con todas las garantías de seguridad que sean posibles para los participantes (por eso para ensayar un nuevo medicamento, éste ha debido pasar rigurosos estudios preclínicos que nos den una idea general de su eficacia y falta de toxicidad en animales de laboratorio).  Ver artículo completo »

El despertar del siglo XV propició una de las mayores aventuras de la humanidad: las Descubertas portuguesas que llevaron a los marinos de la Escuela de Sagres a descubrir la ignota costa africana, doblar el Cabo de Buena Esperanza y llegar a India y China (y Brasil).

Todo gracias a la Escuela de Cosmografía, el Observatorio Astronómico y la Escuela de Pilotos que creó Enrique el Navegante en el Algarve portugués en 1416: el mayor complejo investigador en cartografía, astronomía y navegación de su época.

El estudio de los clásicos (Eratóstenes, Aristóteles, Estrabón, Ptolomeo…), de los geógrafos árabes como Al-Idrisi y de los cartógrafos judíos de la escuela mallorquina, como Abraham Creques, les llevó a conocer con bastante precisión el tamaño de la Tierra. Pero, sobre todo, les movió el ansia por conocer qué había en la parte de la superficie del planeta que no aparecía dibujada en los mapas.

Llegaron a Madeira en 1418, a las Azores en 1427 y hasta cabo Non en 1422. Pero de ahí no pasaron, no se atrevían a doblar el cabo del Miedo (cabo Bojador). Un error de cálculo les impedía franquear esa barrera: consideraban a Aristóles infalible por su demostración de que la Tierra era redonda y, por ello, no dudaban de su autoridad.  Ver artículo completo »

Se debatió la Ley de Ciencia en el Congreso de los Diputados y apenas ha tenido impacto en los medios de comunicación. Resulta significativo que una norma, en principio tan importante para el futuro de nuestro país, haya suscitado tan poco interés.

Venimos de una tradición antigua, magistralmente retratada por Unamuno, donde la Universidad se asocia a un Templo del Saber donde los profesores son sus sacerdotes. Este pensamiento solo puede dar lugar a una Universidad aislada de la sociedad, encerrada en sí misma. Una Universidad tan inútil que ante los desafíos del conocimiento y la tecnología solo sabe responder con las nefastas palabras de quien se consideraba el supremo sacerdote (Unamuno): “Que inventen ellos” (refiriéndose a los extranjeros). ¡Y vaya si inventaron!

No es un secreto que España apenas ha tenido peso en el mundo moderno, caracterizado por el vertiginoso desarrollo tecnológico de los siglos XX y XXI. Está claro: si inventan ellos, ellos serán los líderes.  Ver artículo completo »

Hombres y mujeres tenemos una gran cantidad de cosas en común. Compartimos genes, ideas, experiencias, alegrías y penas… A veces, hasta compartimos la vida. El listado de las cosas que nos unen como especie se podría hacer interminablemente largo, tanto que faltaría papel; pero en ocasiones resulta sorprendente lo diferente que somos y, sobre todo, la capacidad de reacción y análisis tan diferente que aplicamos ante un mismo problema.

Que un hombre vea la vida de una manera simple es lo más habitual. Ellos ven las cosas tal cual, sin profundizar a menos que sea necesario. Ellas, en cambio, siempre van más allá, aunque no haga falta. Y este hecho les otorga una posición de ventaja. Por ejemplo, a estas alturas del discurso, seguro que ya sabrían qué decir, mientras yo, aquí, pobrecito, estoy todavía pensando por dónde voy a salir.

¿Somos verdaderamente iguales? Va a ser que no. Por ejemplo, los del género masculino cuentan con más conexiones en algunos circuitos del cerebro, en particular en el área llamada neocortex temporal (que se ocupa de las emociones y las relaciones sociales). Pero, a pesar de ello, piensan menos. Y además, olvidan más cosas y antes que las mujeres.  Ver artículo completo »

Lodos y alimentos



Al arrojar un objeto cualquiera al inodoro, algo así como un envoltorio o cualquier residuo sólido, olvidamos que las aguas residuales reciben un tratamiento como tales. El agua se trata en depuradoras antes de ser vertida a los ríos o al mar de un modo seguro para el medio ambiente, al menos en la mayoría de las localidades medianas y grandes.

Si con el agua viajan objetos de cualquier tipo, deben ser retirados, incrementando enormemente los costes de la depuración y generando a su vez un nuevo problema, residuos sólidos urbanos inesperados, que también deben recibir un tratamiento.

El agua tratada al final suele generar lodos, materia orgánica que no puede ser eliminada al río. Lodos que, sin duda, contienen el cloro de las lejías a las que en España somos verdaderos adictos. Y todos los restos de insecticidas, pinturas, medicamentos y demás sustancias vertidas a los desagües, muchas de las cuales no son biodegradadas en las lagunas de oxidación de las depuradoras.  Ver artículo completo »

Mientras la comunidad científica intenta descifrar todo lo que aun se desconoce sobre el cambio climático, lo indiscutible, incluso lo obvio, es que cualquier postura racional en el estudio del medio ambiente terrestre debe considerar la reducción de los gases emitidos a la atmósfera por el hombre —especialmente los tóxicos y contaminantes, cosa que el CO2 no es— como un comportamiento irrenunciable, como una exigencia social a los Gobiernos.

La mayoría de los expertos opinan que la política preventiva (en forma de reducción) respecto a las emisiones, entre otros gases, de los de efecto invernadero no puede esperar a que pasen los dos o tres decenios que quizá necesitemos para resolver algunos de los aspectos científicos y técnicos aun por desvelar. Máxime cuando esas emisiones se deben en gran parte a un notable desperdicio en nuestros consumos y transformaciones industriales o domésticas.

A veces, bastaría con ahorrar y ser más eficientes para reducir de forma notabilísima nuestras emisiones; pero conseguir eso en el mundo dominado por la economía liberal de mercado y el consumismo desaforado no parece nada fácil.  Ver artículo completo »

El adjetivo pequeño resulta aplicable hasta para los científicos que se dedican a la investigación de las enfermedades del crecimiento (los pocos fondos determinan la escasez de los grupos de investigación). Cualquier terapia para su erradicación pasa por conocer cómo se forman los huesos y frenar el anómalo desarrollo de un tipo de moléculas.

Nuestro tamaño está determinado por la evolución que un gen que controla el crecimiento de los huesos (el FGFR3). Una mutación que altere su desarrollo producirá malformaciones. El tratamiento estas enfermedades pasa por comprender en detalle todos los aspectos moleculares que rigen su funcionamiento.

De momento, las posibles terapias, la mayoría en fase de investigación, surgen como consecuencia de los avances realizados en animales de experimentación. Son producto de modificaciones genéticas realizadas en ratones: se altera un gen del roedor y el ratoncito que nace es enano.

A partir de ese momento, se razona de manera inversa y se piensa qué sucedería si ese gen o esa proteína se activase (o se eliminara) en un modelo en el que el animal fuese enano.  Ver artículo completo »

Si vas a Mongolia

Si vas a Mongolia no será por sus bellas playas, pues carece de mar. Quizá vayas en busca de esqueletos de dinosaurio, en eso Mongolia es una superpotencia y durante décadas numerosas expediciones saquearon sus ricos yacimientos. Puede que vayas por simple turismo, algo muy minoritario y al alcance de casi nadie en época de crisis.

Pero si vas a Mongolia, lo más importante es que no comas marmota. Te la ofrecerán como agasajo y aunque su sabor quizá se parezca al de la liebre (aunque no tengo la menor idea de cual es su sabor realmente), entraña un notable riesgo.

La marmota es vaciada de sus vísceras y, con piel y todo, rellenada de piedras calentadas al rojo vivo. De este modo, convenientemente tapada en un horno en el suelo, se cuece lentamente de dentro a fuera. El resultado es que su carne, con frecuencia, no esta cocinada completamente.  Ver artículo completo »

Todos los animales tenemos un tamaño fruto del proceso adaptativo, con el cual nos movemos por el mundo, en la mayoría de los casos con gran éxito. Aun así, el ser humano se esfuerza en evolucionar por su cuenta.

Los deportistas, por ejemplo, tras un programa minucioso de entrenamiento —y con alguna ayudita química para los tramposos— se fuerza al máximo cada grupo de músculos para superar cotas que le hagan el más fuerte, el más rápido, el más ágil o el más flexible de la raza.

Aunque parezca mentira, si existiesen pulgas del tamaño de un ser humano jamás serían acreedoras de un metal olímpico. La altura que sea capaz de saltar un animal (h) depende de su impulso inicial, que a su vez depende de su fuerza (f) y de la distancia (d) que recorre el centro de gravedad (el punto a partir del cual perdemos el equilibrio y caemos) al extender sus patas mientras siguen en contacto con el suelo.

Es decir, que el salto que consigamos está en relación de la fuerza del impulso y de la capacidad de mantener el equilibrio en el momento del salto.  Ver artículo completo »