Por mucho que se empeñen (noblemente) en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, hay elementos morfológicos que nos diferencian como género, y de qué manera. Por ello, a la hora de legislar, la discriminación positiva no sólo debiera de limitarse a primar al sexo más débil para allanar el camino de las oportunidades, sino también debiera aplicarse en destacar las diferencias para alcanzar realmente ese grado de igualdad.
Por ejemplo, todos, hombres y mujeres, tenemos derecho a disfrutar de los pequeños placeres mundanos, como puede ser el disfrutar de unas copas de vino durante la comida o la ingesta de un trago después (y a fuerza de ser políticamente incorrecto, el tabaco), pero ni unos ni otras tienen derecho a poner la vida en peligro de sus semejantes conduciendo en estado de embriaguez.
Se pongan como se pongan los legisladores o los grupos de presión, el alcohol discrimina por sexo y las mujeres aguantan menos (tienen tendencia a emborracharse antes). Y en esto tiene mucho que ver la manera en la que estamos construidos.
El alcohol es una molécula muy hidrosoluble que se distribuye por los tejidos siguiendo el espacio del agua corporal. Eso quiere decir que la corriente sanguínea lleva rápidamente el etanol (el principal ingrediente que tienen las sustancias alcohólicas) a través del cuerpo.
El resultado es que su concentración en la mayoría de órganos y tejidos bien irrigados es similar a la de la sangre. Pero no se difunde bien en la grasa. Esto hace que afecte más a las mujeres, ya que su grasa subcutánea es mayor que la de los hombres, y su volumen de sangre menor. Es decir, se concentra de manera más rápida y sus efectos se hacen notar antes.
De igual modo, el etanol se metaboliza —se convierte en otra sustancia— principalmente por el hígado, y en menor grado por el riñón o pulmón, entre un 2% y un 10%. Lo hace a un ritmo en torno a 0,1-0,3 g/l sangre/hora, dependiendo del peso corporal, otro factor en detrimento de las mujeres (a menor peso, más tiempo tardará en convertirse en otra sustancia y, por lo tanto, antes aparecerán los síntomas de la borrachera).
Asimismo, en este proceso metabólico intervienen tres encimas. La Alcohol Deshidrogenasa (ADH) es la más activa en las personas no alcohólicas. Y el nivel de actividad de ADH en las mujeres es más bajo que en los hombres, lo que contribuye a que presenten valores más altos de alcoholemia (las otras dos encimas, cuyos efectos a largo plazo derivan en lesiones en el hígado —hígado graso o cirrosis— trabajan de manera similar en ambos sexos).
Entonces, si la genética marca diferencias tan nítidas, ¿por qué ese empeño machacón en hacernos iguales sin medir realmente si existen consecuencias negativas para todos, fruto de utilizar la misma vara de medir?
Ariadna Cabello




Me parece curioso que en un artículo que se cuestiona la igualdad de géneros y que a priori aboga por la no discriminación ni positiva ni negativa, se refiera al género femenino como el “sexo más débil”. No somos iguales en muchos sentidos y no podemos ser medidos por la misma vara, pero eso no implica la existencia de un sexo fuerte ni uno débil, aunque el alcohol, por ejemplo, pueda en términos generales o morfológicos, afectar más a mujeres que hombres. Eso marca una de las muchas diferencias, efectivamente, pero no marca ninguna debilidad. Exijamos la igualdad de derechos y deberes, contemplados por nuestra naturaleza característica de género, evitando discriminaciones positivas y negativas, y empecemos por erradicar el machismo (que a veces como el caso en las tasas permitidas de alcohol genera una discriminación positiva) primeramente ya desde el lenguaje, ya que este construye el pensamiento, y el pensamiento, todo lo demás.
Hola Mar, completamente de acuerdo con tus reflexiones. Y en el caso de lo del “sexo más débil”, ha sido un error nuestro al subir el artículo. En origen, tenía que ir en cursiva
Ya está cambiado. Saludos.
Ariadna, gracias por el artículo. Hay varios aspectos que se han quedado fuera. Desde el punto de vista de ‘las consecuencias negativas’ por la conducción en estado de embriaguez, estás asumiendo que tanto las mujeres como los hombres desempeñan igualmente en la conducción con tasa de alcohol … esto es todo un subespacio de parámetros diferente. También estás obviando el hecho de que estas diferencias de niveles químicos que mencionas en media entre hombres y mujeres pueden tener una mayor varianza dentro de la población de mujeres o dentro de la de hombres. Pero, volviendo al tema en cuestión, me quedan algunas dudas, en particular: los efectos relacionados con la conducción (falta de coordinación, etc), ¿cuándo ocurren?¿cuando el alcohol está en sangre y pasa por el cerebro?¿cuando se metaboliza en alguna víscera?¿en otra circunstancia? Dependiendo de la respuesta podrían tenerse en cuenta otros parámetros. Merci bien.
Hola ES.E, muy interesantes cuestiones las que planteas. Estamos preparando una serie de artículos sobre el alcohol, de hecho, en los que esperamos lograr responder a estas y otras preguntas sobre los efectos de beber y cómo se producen estos. Gracias por pasarte por aquí, vuestros comentarios hacen más interesante el proyecto entero.
Hola,
muy interesantes los comentarios aquí expuestos. Comparto el punto de vista de Mar y pediría mayor celo para evitar controversias futuras. La explicación de Mas que Ciencia lo aclara. Bien,. tambien me congratulo de las preguntas realizadas por ES.E. El debate cobra interés, además si como decís en los próximos dias habrá más entregas sobre este tema. Enhorabuena