El cuidado del cuerpo no se logra solamente asistiendo a sesiones maratonianas de gimnasio o de footing, además hay que tener una mentalidad racional a la hora de cuidar la alimentación. Tal vez por ello las empresas alimentarias se hayan puesto a pensar en implementar sus productos con sustancias que, de algún modo, permitan solucionar o mejorar algunos de los problemas que tenemos en nuestro cuerpo.
Este es el motivo de que existan numerosos lácteos que contienen ácidos grasos omega 3, esteroles vegetales o microorganismos con propiedades maravillosas. El nuevo panorama de productos cotidianos aderezados con sustancias de propiedades excepcionales hace complicado, en algunos casos, encontrar leche que solo sea leche o yogures con los que lo único de lo que haya que preocuparse sea de escoger el sabor.
Hay tantas y tantas cosas que van a ayudar a mi colesterol, a mis huesos o a digerir mejor que me surge una duda: si se le añade algo a un producto natural y ese elemento extra tiene propiedades terapéuticas, ¿no debería dejar de ser considerado un alimento y pasar a ser tratado como un fármaco?
La normativa sobre los medicamentos es muy estricta. Tanto la Agencia Española del Medicamento como la europea se cuidan mucho a la hora de verificar la seguridad de un producto farmacéutico, antes de permitir que salga al mercado. ¿No deberían, entonces, ser considerados estos alimentos como fármacos y pasar todos los estudios correspondientes, como los ensayos de seguridad y clínicos?
Muchos de esos aditivos se ha comprobado que son eficaces en estudios in vitro; sin embargo, esto no significa que en las personas vaya a tener el mismo efecto. En las células cultivadas en un laboratorio de investigación o en un pequeño animal de laboratorio las cosas pueden funcionar, pero al pasar a los seres humanos el resultado puede ser diferente.
La dosis eficaz en un ratón es habitualmente más baja que la que necesitaría un humano para conseguir el mismo efecto. Es por ello que habría que ver qué cantidad de ese aditivo maravillosos le han añadido al yogur o a la lata de atún. Si las dosis no llegan al mínimo eficaz, entonces las empresas que venden ese producto están engañando a los consumidores y cometiendo un fraude.
Jesús Pintor





Qué interesante planteamiento de algo que ya es tan común, que los consumidores ni nos planteamos. Y mucho menos pensamos en que estas sustancias o aditivos que han sido añadidos, puedan no estar debidamente comprobados y/o ensayados, tanto en lo que respecta a dosis como a resultados.
Ya veo que quizá deberíamos.
Pero, si pasaran a ser considerados fármacos, mucho me temo que los precios se verían “seriamente dañados”.
Por lo que veo, un blog como éste, puede ayudar mucho.
Saludos.
Gracias por tu comentario, Mareli. Sobre lo que dices de los precios, toda la razón, es de imaginar que acabarían subiendo… Saludos.
Los alimentos funcionales están cada día más vigilados porque los consumidores no somos ratas de laboratorio, en ellas, parece que todo funciona y le van divino. A Danone las denuncias han sido múltiples por su publicidad engañosa, creo que recientemente en USA, han denunciado esto mismo por Actimel.
EN EL SIGLO XXI LOS ALIMENTOS ENRIQUECIDOS, DEBERIAN ESTAR VIGILADOS CON LOS CONTROLES OPORTUNOS, AL IGUAL QUE LAS SUSTANCIAS QUE SE AÑADEN A LOS LACTEOS. NO DUDO QUE NO ESTEN BIEN COMPROBADAS PEROYA QUE ES UN PRODUCTO DE CONSUMO INFANTIL,NADA PUEDE PASAR SI NOS PONEN MENOS DOSIS, ESA PEQUEÑA CANTIDAD AÑADIDA SIEMPRE SERA BENEFICIOSA PARA EL ORGANISMO