Acertar con nuestra pareja es, con diferencia, lo más trascendente que podemos hacer en nuestra existencia, entendida esta en clave de reproducción de la especie. Somos, cada uno de nosotros, el resultado de 1.000 millones de decisiones.
La cadena comenzó con nuestros padres, nuestros abuelos y así hasta los aproximadamente 8.000 ancestros de nuestra propia especie que nos precedieron. Pero antes, en la teoría de la evolución de las especies, tuvo que producirse éxito en los homínidos y en todos nuestros ancestros primitivos ya olvidados. Una sola elección errónea, elegir una pareja estéril, basta para romperla. ¡Asombroso!
¿Cuál es el mecanismo que nos hace acertar con tanta exactitud al elegir pareja?
Al margen de las modas al uso sobre los cánones de belleza (de sobra es conocido que los mitos de la fecundidad o la salud se han basado en ocasiones en estar gordos; los griegos avanzaron su particular código de la belleza; o, ahora, donde parece primar la delgadez como excelencia) sólo hay un método infalible. Y lo usamos siempre, aunque sea de manera inconsciente.
Tenemos simetría bilateral: nuestra mitad derecha es igual a nuestra mitad izquierda. Pero la derecha está codificada exactamente por los mismos genes que la izquierda. Además, nuestra mitad derecha se desarrolla en el mismo ambiente que la izquierda. Si nuestros genes son de buena calidad y no sufrimos las consecuencias de un ambiente adverso, deberíamos ser muy simétricos. Cualquier fallo, sea genético o ambiental, nos vuelve menos simétricos.
En realidad hay tres parámetros que caracterizan nuestra simetría: la simetría fluctuante, la simetría direccional y la antisimetría. A efectos de guapura, lo que importa es tener la menor asimetría fluctuante (que es la debida a errores repartidos tanto en una mitad como en otra).
Seamos gordos-as, flacos-as, rubios-as, morenos-as, unos buenos genes criados en un ambiente propicio es la garantía de que seremos excelentes parejas (reproductivas). Y eso se nota por fuera: las buenas parejas son más simétricas. Los humanos (y los animales) somos extraordinariamente hábiles para detectar la asimetría y escapar de ella. Como solo podemos ver por fuera, la disposición de nuestros órganos internos es muy asimétrica. Y por desgracia, con la edad aumenta nuestra asimetría externa y perdemos atractivo.
El selectivo club de los guapos y las guapas está abierto a socios de distintos tamaños, hechuras o colores de piel. Pero jamás dejará entrar a los asimétricos.
Referencia:
A. P. Moller & J. P. Swaddle. Asymmetry, Developmental Stability and Evolution. Oxford Series in Ecology and Evolution. Oxford University Press. 1997




No estoy de acuerdo con el artículo. El parámetro de la belleza importa pero no es decisivo. Muchas veces, una mujer (en mi caso) no muy atractiva si siguiéremos los parámetros de la simetría, puede resultarte enormemente bella debido a otros factores más emocionales.
Es que no es el caso de este artículo qué considera cada uno bello o no, sino por qué se produce esta atracción subconsciente hacia quienes serán mejores parejas a la hora de reproducir la especie… Otra cosa es los vínculos que generas una vez que conoces a la persona, que es de lo que parece que nos hablas, Manolo.
La importancia de elegir pareja para reproducir nuevos especimens sanos y fuertes en los tiempos de las cavernas, con una mortalidad infantil muy alta y un promedio de vida de 30 años es entendible, pero no ahora con una mortalidad infantil tan baja y un promedio de vida de 80 años. La reproducción ha quedado en segundo plano y más cuando el cambio de pareja aun despues de haberse reproducido, se da con más frecuencia, incluso varios cambios de pareja sin haber habido reproducción durante la relación. Se ha pasado de la búsqueda de pareja para cubrir las necesidades reproductivas, a la de cubrir necesidades afectivas y en ese aspecto la simetria externa pasa tambien a un segundo plano.
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El post es interesante pero tiene algunas carencias. En primer lugar, echo en falta alguna fuente. ¿De dónde procede la información? Porque si es del trabajo de monografias.com que enlazáis me parecería bastante poco serio. Lo segundo, no creo que sea cierto eso de que el inconsciente “jamás dejará entrar a los asimétricos”, porque si así fuera tampoco lo haría la consciencia y ningún asimétrico tendría pareja, lo cual obviamente no es cierto. Así que, o lo he entendido mal o esa ultima frase es un tanto exagerada…
Hola Sinetiquetas, la información procede principalmente del libro que se cita al final del artículo: A. P. Moller & J. P. Swaddle. Asymmetry, Developmental Stability and Evolution. Oxford Series in Ecology and Evolution. Oxford University Press. 1997. Como ya imaginarás, un link nunca es la fuente (o al menos no debería) en un medio digital, es un extra de información. Lo que no nos queda claro es por qué, si el inconsciente jamás dejará entrar a los asimétricos, de ahí se deriva que tampoco lo haría la consciencia. ¿Consideras que la consciencia está regida por el inconsciente, o al revés? Nos encantaría que nos sacaras de dudas. ¡Gracias por comentar!
No aplicaría esta regla siempre, pero sí en la elección de la pareja. No creo que si, por decirlo de alguna manera, el inconsciente descarta a una persona por ser asimétrica, el consciente te vaya a decir que te estás equivocando porque ese sesgo solo procede de su asimetría y que compensa mucho más el afecto u otras cosas que te puede aportar. Quizá sea solo mi visión porque no puedo concebir estar con una persona sin sentir esa chispa y ese sentimiento que desde luego no es racional.
Precisamente esa es la cuestión: el que manda es el inconsciente. El “consciente” no le puede llevar la contraria, para entendernos. De ahí que, como dices, no sea una decisión “racional”.
El caso es que yo he visto personas que, siendo completamente simétricos te echan para atrás. Son gente inquietante, “rara”. Más que la simetría lo que se buscan son ciertas proporciones. Una persona puede ser tremendamente simétrica y tener unos ojos diminutos muy juntos con una nariz importante. Y hasta se puede tener una fea sonrisa simétrica.
Por otro lado también he conocido gente bastante bella (que no simétrica, porque si nos ponemos a fijarnos, cualquier top es asimétrica) que es estéril o que se está sometiendo a tratamientos para poder concebir.
La verdad… me fío más de las feromonas que de una cara simétrica.