Imagen del río Tinto, en la provincia de Huelva

La resistencia de las microalgas, evidenciada en los estudios de campo que se llevan a cabo en el río Tinto y que nos dan pistas sobre la vida en condiciones extremas, como por ejemplo en Marte, también se ha hecho patente en su manera de sobrevivir a las extinciones en masa del planeta en diferentes épocas.

La del Cretácico-Terciario es la más célebre porque acabó con el reinado de los dinosaurios, aunque, ni de lejos, ha sido la más catastrófica. Durante la era Neoproterozoica (entre 740 y 580 millones de años atrás) se produjo un gran cambio climático cuyo resultado final fue la mayor era glacial que conoció el planeta: la Bola de Nieve Terráquea (Snowball Earth).

Se congelaron los océanos y el hielo alcanzó más de 100 metros de espesor, incluso en las latitudes tropicales. Aunque en esa época ni los grandes animales ni las plantas superiores poblaban la tierra firme, existía una rica y diversa vida en el mar y en los ambientes acuáticos en la que estaban representadas, entre otros muchos organismos, la gran mayoría de las divisiones (phylum) de algas que existen hoy en día.

Numerosos estudios demuestran que durante la Bola de Nieve, la fotosíntesis se colapsó a nivel planetario durante decenas de millones de años; pero inmediatamente, tras el deshielo, se produjeron gigantescas proliferaciones masivas de microalgas y cianobacterias. Con ellas se incrementó la concentración de oxígeno atmosférico y se dio continuidad al ciclo evolutivo que acabó, entre otras especies, con el nacimiento de nuestros ancestros.

La cadena de la vida y la evolución no se rompió a pesar de la glaciación, y eso fue posible por la resistencia y capacidad de adaptación que han demostrado las microalgas, que durante todo ese periodo que antecedió al deshielo pudieron refugiarse en oasis de agua líquida relativamente caliente en surgencias termales.

A pesar de que el hielo alcanzó el ecuador, la actividad geotérmica no cesó. En la región andina de la Patagonia y la Tierra de Fuego se pueden encontrar hoy en día modelos similares: fuentes termales y géiseres que mantienen oasis de agua líquida en medio de un mar de hielo.

Aunque, como ocurre con el río Tinto, la gran mayoría son lugares inhóspitos (por su pH extremo, su elevada temperatura, o la cantidad de sustancias tóxicas que acumulan) para las algas normales, bastó con una mutación en un solo gen para conseguir su adaptación a ese nuevo ambiente.

Una mutación que en condiciones normales se va reproduciendo de manera ineficaz y, más pronto o más tarde los mutantes son eliminados por la selección natural. Pero como la mutación es recurrente, se llega a un equilibrio entre los mutantes nuevos que van apareciendo y los que van siendo eliminados por la selección.

En un momento dado, al menos un alga de cada diez millones es capaz de sobrevivir en el ambiente de un agua geotérmica extrema y, teniendo en cuenta que pueden habitar varios millones de algas y cianobacterias por mililitro, y que se reproducen asexualmente, con una sola es suficiente para restablecer la población.

En la difícil lotería de la supervivencia durante la Bola de Nieve, las microalgas y las cianobacterias tenían todos los boletos para convertirse en los seres vivos elegidos que se refugiasen en las Arcas de Noé geotérmicas.

El resto de la historia se ha escrito en los diferentes capítulos de la evolución.

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