Archivo para noviembre, 2010


De la irracionalidad del hombre común se obtienen pruebas a cada instante. Basta observar el comportamiento que empuja a una persona a decidirse, por ejemplo, por una Coca-Cola cuando en realidad le gusta más el sabor de la Pepsi. Incluso a la hora de decantarse por una transacción bursátil en lugar de por otra.

Desde un punto de vista científico, no hay lógica. O, al menos, no en la manera en que los teóricos de la economía liberal clásica dibujaron su Homo economicus: un ser que resuelve dudas en base a preferencias razonables, especialmente aquellas que afectan a su bolsillo.

Sin embargo, lo que no previeron fue la influencia en la toma de decisiones de algo tan irracional como las emociones personales. Descifrar este misterio se ha convertido en una obsesión de los grandes lobos de Wall Street, de multinacionales del marketing y también de universidades de Estados Unidos, Alemania y Japón, que se han lanzado a una enloquecida carrera por descifrar las claves emocionales del comportamiento económico del hombre, la neuroeconomía. Ver artículo completo »

Sir Ranulph Fiennes. Foto de Martin Hartley/Eyevine

En el mundo puede haber unos 20.000 millones de pantalones, pero solo unos cuantos podrán contar que han sido testigos de grandes aventuras; y, de ellos, unos pocos, muy pocos, que han tenido una segunda oportunidad y que sus jirones acabarán convertidos en una auténtica prenda de culto. Es la historia de los pantalones de Sir Ranulph Fiennes, que trascendieron superando el principio de la mediocridad hasta alcanzar la contingencia.

Desde antiguo, a los cerebros más brillantes les asalta esta gran duda: ¿el cerebro es matemático? De ser así, unas incomprensibles matemáticas estarían condicionando nuestras vidas. Por el contrario, esta disciplina apenas sería un abstracto producto de la mente humana. Los pantalones de sir Ranulph Fiennes pueden tener la clave.

Sir Ran (como le gusta que le llamen) está considerado el mayor explorador vivo de la humanidad. Alcanzó a pie el Polo Norte y el Sur, subió al Everest, trabajó como espía en Omán y pasó el Cabo de Hornos en velero, entre muchas otras aventuras. En ellas, sir Ranulph utilizó sus pantalones favoritos (que bautizó como “piel de topo” y rotuló con su nombre). Sin duda, sir Ran es un ser excepcional que supo salir de la mediocridad, escapando de las consecuencias de la distribución de Gauss; esa ley estadística que regula la ocurrencia de los sucesos normales y que, para nuestra desgracia, predice, como oráculo fatal, que la gran mayoría de nosotros seremos corrientes y molientes medianías, condenándonos a arrastrar una mediocre vida del montón. Ver artículo completo »

Cuando hablamos de cambio climático, pocos dirigen su mirada hacia el mar, al daño irreparable que está produciendo en el océano el incremento de las emisiones de dióxido  de carbono y sus consecuencias para el equilibrio de la vida en el planeta.

La mitad de la fotosíntesis que se produce tiene lugar bajo la superficie marina y gracias a ella la vida es posible: por una parte, se libera oxígeno y por otra, captura CO2. Es decir, el mar modula el cambio climático a través de la captura y distribución de una buena parte del calor absorbido por la superficie del planeta y mediante el secuestro del exceso de CO2 atmosférico.

Esta trampa biológica, mediante la cual el CO2 queda atrapado en materia orgánica liberándose oxígeno, condiciona la productividad de los sistemas marinos, su biodiversidad y su riqueza natural. Y las condiciones en que se realiza este proceso se están alterando.

Hasta mediados de los cincuenta, se atribuía el efecto invernadero exclusivamente a la presencia de vapor de agua en la atmósfera. Se creía que cualquier exceso de emisiones de CO2 sería absorbido por procesos naturales. Ver artículo completo »

Si seguimos el curso de la biología, los machos de los seres humanos tenemos los días contados. Lejos queda el optimismo de aquellos ilustres varones del XVI que, al observar con los primitivos microscopios su propio semen, afirmaban que se contemplaba un hombrecillo perfectamente encogido en el interior de cada espermatozoide. Una corriente agrupada en torno a un movimiento denominado de los preformacionistas (alguno de cuyos representantes lo formaban  los eminentes Needham, bioquímico, Malpighi, el gran biólogo del siglo XVII, o el holandés Swammerdam, también experto en el manejo del microscopio).

Rocambolesca teoría donde las mujeres quedaban relegadas sencillamente a aportar el alimento que necesitaba el homúnculo que se había depositado en su interior para que se desarrollase. Es decir, que serían perfectamente prescindibles en el momento en el que el varón, el rey de la creación, fuera capaz de proporcionar de manera artificial los nutrientes para que el espermatozoide creciera por sí mismo. Ver artículo completo »

Una sencilla comparación estadística resulta aterradora: la probabilidad de sufrir un accidente aéreo es significativamente más alta que ganar el premio gordo de la lotería de Navidad si a lo largo de la vida ha tomado, al menos, cinco veces un avión. Si a este dato poco conocido sumamos otro más popular, que es raro sobrevivir a un accidente de avión, no resulta extraño que la gente tenga miedo a volar. Para compensar y sobreponerse al miedo a subir a un avión se afirma que este es, con mucho, el modo de viajar más seguro.

Esta afirmación sobre la seguridad se basa, cómo no, en la estadística, pero sobre todo en la percepción que transmiten los medios de comunicación. Y las estadísticas indican que los periodistas cubren los accidentes aéreos 60 veces más que el sida, 1.500 veces más que los accidentes de carretera y 6.000 veces más que el cáncer. Ver artículo completo »

Cianobacteria

El nitrógeno es uno de los pilares básicos que sustentan la vida en este planeta que con tanto ahínco nos proponemos destruir. Es un elemento fundamental en la síntesis de proteínas, las macromoléculas básicas de las que estamos formados.

La principal reserva de este elemento se encuentra en la atmósfera (el 78%), donde resulta imposible de utilizar por la inmensa mayoría de los seres vivos. Tanto, que el ser humano tuvo que esperar hasta el siglo XX para que mediante un complejo procedimiento llamado reacción de Haber lo pudiéramos capturar (su descubridor fue galardonado con el Nobel). Hasta entonces, utilizábamos las minas (las más famosas, las de nitrato de Chile).

Los sistemas terrestres se apañan mediante las plantas leguminosas. Estos vegetales forman unas complejas asociaciones con unas bacterias especializadas en la fijación del nitrógeno. Dejando los campos en barbecho se consigue que las leguminosas silvestres los enriquezcan en nitrógeno. Ver artículo completo »

La abeja reproduce machos por partenogénesis

Hace unos días se publicaba una noticia interesante: han descubierto que una boa constrictor ha podido reproducirse sin la participación de un macho de la misma especie (ni de otra, ojo). Este proceso es relativamente poco frecuente y sucede, por ejemplo, en algunos tipos de insectos.

Esto significa que algunas especies pueden tener crías sin apareamiento. El proceso recibe el nombre de partenogénesis y puede darse incluso en algunos peces y aves (pez martillo y algunos tipos de pavos, por ejemplo).

Un ejemplo clásico de este proceso son los zánganos de las abejas. Estas son diploides; tienen dos pares de cada cromosoma. Cuando realizan partenogénesis, los nuevos descendientes son haploides (un solo cromosoma de cada tipo) y son machos. Es decir, las hembras son siempre el resultado de una fecundación, pero los machos no. Ver artículo completo »

La naturaleza es sabia y, como venganza, hace que nos comamos nuestra propia basura. Solo en el Mediterráneo, cuatro de cada cinco objetos que contiene el mar son trozos de plástico (17 veces el total del pescado y marisco capturado por la flota española). A menudo, las redes de los arrastreros suben más plástico que pescado.

Pero eso no es lo más grave. Buena parte de este residuo se encuentra en el interior del cuerpo de los animales marinos, desde las ballenas hasta los diminutos organismos zooplanctónicos.

Se ha encontrado en las vísceras de la mitad de las especies marinas. 80 especies de cetáceos (ballenas y delfines) tienen plástico en su interior. También abunda en las aves (un examen a 3.000 fulmares mostró que el 95% de ellos tenía alrededor de 20 gramos de plástico en el estómago). Aparece en  el 35% de los peces. Incluso en las medusas y el pláncton. Ver artículo completo »

Foto by chiquita83

Ampararse en la genética para explicar quiénes somos es una coletilla que se ha instalado en el conocimiento como si se tratara de algo que irremediablemente formara parte del destino. Se llega a tal punto de osadía que, con frecuencia, las explicaciones de fenómenos tan aberrantes como la superioridad racial o es sexismo se explican en algo tan falso como una hipotética diferencia en los genes, y punto.

Una falacia que ha contaminado al propio lenguaje. Personas tan ilustres como el secretario de comunicación de un partido, Esteban González Pons (PP), se permiten el desliz de afirmar: “En el código genético de los socialistas está la traición y la mentira”.

La genética contiene buena parte de las claves de nuestra esencia, pero la pasión por esta disciplina no debe hacernos caer en una suerte de determinismo científico. Buscar argumentos geneticistas para explicarlo todo ha sido origen de errores y líneas de investigación tan falsas como sus conclusiones. Ver artículo completo »

El desarrollo económico del siglo XX es incompatible con la realidad biológica de la Tierra. Entre supervivencia y ceguera hemos optado por la ceguera. Todo se reduce a una cuestión energética… Necesitamos energía para que funcionen las máquinas, las fábricas, incluso para que el gran cazamoscas siga vivo.

Precisamos unas 2.000 Kilocalorías para vivir, pero no vale cualquiera, sólo sirve un tipo especial de energía bioquímica que se encuentra en los enlaces de determinadas moléculas orgánicas complejas.

Sólo algunos seres llamados fotosintetizadores (plantas, algas y algunos microbios como las cianobacterias) son capaces de fabricarla. Captan la energía de la luz solar y la almacenan en forma de moléculas orgánicas a través de la fotosíntesis.

Además de la energía, también necesitamos reponer los complejos materiales biológicos de los que estamos construidos (proteínas, grasa y glúcidos…). La investigación ha probado que nuestros materiales biológicos sólo pueden ser sintetizados por los fotosintetizadores. Ver artículo completo »