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diabetes

La evolución ha dotado a cada especie con unas características concretas. Los diferentes diseños responden a las necesidades adaptativas para vivir en un entorno y cualquier cambio puede resultar perjudicial. Es el precio que tenemos que pagar los seres pluricelulares. Modificar nuestros hábitos de vida (de ejercicio, de dieta, etc.) supone jugar a la contra de la naturaleza y aumentar nuestras papeletas para padecer enfermedades. Resulta muy complicado ganarle la partida a la genética, aunque afortunadamente los humanos contamos con el aliado de nuestra inteligencia y, gracias a ella, de la Medicina, que cuando deja de ser preventiva se convierte en paliativa en la mayoría de los casos.

Hoy nos detendremos en uno de estos males que afecta a un porcentaje elevado de la población: la diabetes. Los cálculos de la OMS auguran que afectará a 370 millones de personas en los próximos 15 años. Una enfermedad crónica que puede acabar provocando una pésima calidad de vida, que se caracteriza por mantener unos niveles altos de azúcar en la sangre y que puede abocarnos a la muerte. Ver artículo completo »

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Uno de los convidados de piedra en los viajes espaciales son las plantas. Suelen acompañar a las diferentes expediciones y son objeto de numerosas investigaciones, aunque todas tienen en común el estudio que la ausencia de gravedad provoca en su estructura y en su crecimiento.

Aparentemente, tras los vuelos espaciales no se observan más que sutiles diferencias a nivel molecular, pequeños cambios que, en cambio, podrían ser determinantes en el futuro.

A lo largo de la conquista del espacio se ha podido comprobar cómo una hormona, la auxina, de la cual depende el crecimiento de los vegetales, sufre alteraciones por la ausencia de gravedad. Su producción se detiene en el espacio y su consecuencia es que se produce una ralentización en su crecimiento. Pero, siendo importante, el que nazcan plantas más pequeñas no es el único cambio significativo observado.  Ver artículo completo »

test

Medir y clasificar. Menuda tarea y menudos problemas que a veces acarrea. Los humanos somos especialistas en complicarnos la vida de manera innecesaria; o mejor dicho, nos la complicamos con abyectas intenciones que intenten dejarnos por encima de nuestros semejantes. El concepto de supremacía —que no necesariamente significa estar en la cúspide de la pirámide de cualquier ecosistema— resulta peligroso aplicado al reino animal, pero si se aplica dentro de los especímenes de la misma especie, puede ser malvado.

Está claro que no todos somos iguales, la genética y el ambiente hacen que algunos sobresalgan por sus habilidades, sean intelectuales o físicas. Unas diferencias que podrían aplicarse a las diferentes razas, pero extrapolar esas características especiales a cuestiones como la inteligencia es adentrarse en un mundo complicado y avieso, porque construir una teoría sobre la supremacía de las razas —o arrogarse ser el pueblo elegido— ya sabemos a qué acaba conduciéndonos. Ver artículo completo »

chicles 

Desde que a la tierna edad de 8 años fui sometida a mi primer proceso desintoxicante de la aberrante compulsión de chuparme el dedo, llevo en mi haber el abandono con éxito de varios malos hábitos. A saber, mordisquearme las uñas, el regaliz rojo, la leche condensada, el chocolate blanco, los bollos de crema, el regaliz rojo (es que soy reincidente), las pipas, las chips, fumar, el regaliz rojo (es que no hay quien se resista a él)… y todos me parecen hoy sustitutos de ese mi primer vicio.

En mi ayuda para sobrellevar monos, hambres y aburrimientos, han acudido varios amigos compensatorios; uno de los indispensables ha sido siempre el chicle. Y es que… ¿quién no se ha llevado a la boca ese pequeño masticable en algún momento de su vida para entretener el apetito, alargar el espacio que separa dos cigarros, combatir el mal aliento o disimular otros olores que impregnan nuestra cavidad oral y que no quieres admitir (ese chicle antes de entrar en casa para que los papis no se enteren de…)? Ver artículo completo »

Foto de beat0092

Foto de beat0092

Instalados en la crisis y reconducidos a un frenesí creador para los investigadores científicos y resto del personal no adscrito a este área como posible manera de huir de ella, parece el momento adecuado para echar un alto en el camino y reflexionar un poco sobre la dirección a la que nos abocan los recortes y la política gubernamental. Sobre todo, teniendo en cuenta si esa salida pasa por intentar montar tu propia empresa y si los ingresos dependerán del resultado de tu intelecto.

Así que si esta es su opción, prepárese para recorrer el proceso mundo de la burocracia. Bienvenido a la Torre de Babel de las patentes. Ver artículo completo »

elegir pareja

Que cuando se sale a ligar eligen ellas es algo que a estas alturas de la película no ofrece discusión. Lo que sí forma parte del debate —en la comunidad científica por lo menos— es si la elección de pareja depende de aspectos genéticos; vamos, si lo llevamos escrito antes de nacer o si se trata de un factor epigenético: todos los factores no genéticos que intervienen en el desarrollo de un organismo; es decir, que es fruto de las interacciones de nuestros genes y el ambiente por lo que surge el asunto en cuestión.

Y la cuestión no es baladí, porque lo estrictamente genético es heredable, mientras que lo demás no necesariamente. De hecho, este tipo de debates resultan útiles porque echa por tierra ideas o corrientes de pensamiento cerrados. Los defensores a ultranza de la genética se muestran reacios a admitir que a lo largo de nuestra vida —como organismos— se producen pequeñas modificaciones en su química que son capaces de alterar o regular de determinado modo los genes.

Pues parece que en cuestiones de pareja, la elección de compañer@ depende lo segundo; de factores epigenéticos. Así se ha probado en un estudio que ha utilizado como colaboradores necesarios a unos ratoncillos de campo. Para no perdernos en demasiados vericuetos químicos, lo resumiremos en que la conclusión es que estos roedores, monógamos por cierto, desarrollan un vínculo con su compañera después de varios episodios de apareamiento y que sus preferencias se decantan tras producirse cambios en la estructura de sus genes.  Ver artículo completo »

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Apretar el puño supone, en el más sencillo de los casos, un gesto de rabia contenida o de fuerza. Un gesto emocional instintivo, sin duda, que va algo más allá de la semántica al uso y que puede referirse en ocasiones a la impotencia que se percibe o a la exteriorización de un anhelo conseguido. Pero no solo: también supone una palanca de acción cerebral.

De hecho, desde hace tiempo —el que se empleó en utilizar encefalogramas para comprobar la actividad cerebral— se conoce que, con este movimiento, se ponen en funcionamiento determinadas partes de nuestro cerebro, de nuestras neuronas. Cuando cerramos con fuerza la mano derecha, activamos el lóbulo frontal izquierdo y con él determinado tipo de emociones, como la alegría o el enfado. En cambio, al hacer lo propio con la izquierda, sube la actividad del lóbulo derecho, donde se alojan los estados emocionales de tristeza o de ansiedad.   Ver artículo completo »

sorpresa 

Los biólogos saben desde hace años que las pautas de reproducción de los animales se guían por un principio: las hembras seleccionan a los mejores especímenes machos para que la línea de sucesión no se vea afectada negativamente. Una selección natural que pasa por multitud de pistas: el más fuerte, el más capaz, el mejor dotado…

Sí, lo han leído perfectamente, el mejor dotado. Y esa norma animal es universal, o sea que vale para todas las especies, incluida la humana. Y es que una cosa es que con cualquier tamaño uno sea capaz de procrear y otra, y muy diferente, es cuál es el tamaño que ellas prefieren… Y lo prefieren grande.

Y no se trata de una afirmación de macho fanfarrón que se invente una teoría para poder presumir en una reunión con amigos, es el resultado de un sesudo estudio científico que afirma que las mujeres heterosexuales se sienten más atraídas (sexualmente) por hombres con penes grandes.  Ver artículo completo »

sexo al volante

No se alarmen. A pesar del título, en este post no se aborda una guía de cómo practicar el coito al volante de forma segura… y eso que alguno tendrá consejos al respecto. Simplemente, siguiendo el hilo argumental de la campaña de este año de la DGT, que pretende concienciar a la población del riesgo de sufrir descuidos en su bugatti, mi curiosa mente se plantea: si hombre y mujer vemos diferente, si fijamos la atención y desatención de diversa manera, ¿cómo nos afecta esto al volante?

Las autoridades afirman que la mitad de los siniestros son provocados por distracciones que las personas no consideran graves comparándolas con otras infracciones, como el consumo de alcohol, sobrepasar la velocidad o despreciar el uso del cinturón de seguridad. Los entretenimientos a los que nos referimos parecen más inocentes: chatear por el móvil, cambiar de emisora de radio, utilizar el navegador, fumar o hablar con los ocupantes del vehículo, pero sus consecuencias pueden ser igual de catastróficas. Ver artículo completo »

danza

Dar saltos o ponerse a bailar es una reacción común en nosotros para expresar nuestra alegría o bienestar. Obviando a los primeros y centrándonos en los segundos, luego nos encontramos con los profesionales que utilizan sus habilidades en la pista de la disco para poderse granjear con los favores de un contrario.

Bailar, una actividad al alcance de cualquiera y que va mucho más allá de acompasar rítmicamente nuestros movimientos a la ejecución de una melodía. Aunque es mejor que aquellos que nos manejamos con dos pies izquierdos nos quedemos cómodamente sentados en la butaca leyendo, por ejemplo, historias como esta. Ver artículo completo »